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La Ca1da de Bagdad  por Lorenzo Pe9a`"#nă   yFdddy=#o\  PCXP#ъ  e 7Y La Ca1da de Bagdad  X 8por Lorenzo Pe9a 6b  b 2dCopyright  2003 Lorenzo Pe9a 6b  {P =>0ndice @00." Consideraciones Introductorias 01." Saqueos y Devastaciones 02." De c;mo los EE.UU Implantaron en Bagdad la Anarqu1a 03." El Desmoronamiento del Ej)rcito Iraqu1 04." Paso a la Clandestinidad? 05." Inhibici;n o Complicidad con los Des;rdenes 06." Planes para el Futuro 07." Precedentes de la Ocupaci;n Actual 08." La Justa Actitud Revolucionaria ante esos Acontecimientos 09." C;mo Queda el Derecho Internacional?  {Pa 10." Recapitulaci;n: Novedades de este Conflicto 6b v   X /  0." Consideraciones Introductorias @El mi)rcoles 9 de abril del 2003 la infanter1a de marina de los EE.UU se adue9a de la capital de la RepCblica de Mesopotamia (Irak). Las circunstancias que han acompa9ado y seguido la ca1da de Bagdad abren nueve interrogantes: 1) C;mo se explican las devastaciones que han seguido a la toma militar de la capital por las tropas invasoras de los EE.UU?# 2) Qu) lecciones cabe extraer de esos pillajes y de esas destrucciones?# 3) Por qu) se desmoron; el ej)rcito iraqu1 el mi)rcoles 9 de abril "quedando Cnicamente el norte del pa1s que todav1a sigui; resistiendo o siendo bombardeado inmisericordemente como castigo?# 4) Qu) se hicieron Sadn Juse1n y los dems dirigentes mesopotmicos "no s;lo los 50 y tantos ms buscados, sino generales, jefes y oficiales del ej)rcito, l1deres y responsables del partido socialista Baas, ministros, subsecretarios, directores generales, jefes de gabinete, asesores, prefectos, gobernadores, alcaldes, mandos de la milicia popular, parlamentarios, magistrados, jueces, fiscales, en suma un colectivo de varios miles de personas?# 5) Por qu) los conquistadores yanquis no asumieron las tareas que asume cualquier ocupante normal: mantener en lo posible el funcionamiento del aparato estatal y de los servicios pCblicos y asegurar el orden? Por qu) aplicaron una pol1tica de inhibici;n o de complicidad con los des;rdenes?# 6) Qu) planes tienen para el futuro y c;mo se inscriben su acci;n y su inacci;n de estas semanas en la preparaci;n de tales planes? A t1tulo de qu) ejercen su dominaci;n colonial las autoridades militares norteamericanas?# 7) Qu) semejanzas y desemejanzas hay entre esta situaci;n y las que han citado como precedentes los propios imperialistas yanquis "como las de Alemania y Jap;n tras la segunda guerra mundial?#*=o.o.o.Ԍ8) Cul es la posici;n correcta frente a ese confuso cCmulo de acontecimientos? A9oranza, alborozo, una mezcla de ambos? Y qu) tareas tiene ahora el pueblo de Mesopotamia? Cules tienen los pueblos del mundo?# 9) Qu) repercusiones tiene la destrucci;n del estado iraqu1 para el derecho internacional "ya considerablemente zarandeado y quebrantado por el tirnico y discriminatorio sojuzgamiento que la RepCblica de Irak hab1a venido sufriendo de la ONU durante los Cltimos 13 a9os? Qui)n sucede ahora en los derechos y deberes que hasta aqu1 ten1a del estado iraqu1?# 6b  X 2 1." Saqueos y Devastaciones )aLas tropas estadounidenses hab1an irrumpido en la zona de Bagdad ya el domingo 6, apoderndose del aeropuerto, y luego cercando las reas urbanas. Hab1an lanzando incursiones espordicas hasta que el mi)rcoles se desmoron; la resistencia del ej)rcito mesopotmico. El jueves 10 los imperialistas yanquis eran due9os de Bagdad. Sin embargo, se limitaron a posicionarse como guarnici;n en puntos estrat)gicos y seguir lanzando bombardeos  X "desde tanques o helic;pteros" contra focos de presunta o real resistencia.k ~Jn ԍY todav1a casi se siguen limitando a eso, varias semanas despu)s.k No emprendieron ninguna penetraci;n en los barrios populares, ningCn patrullaje de las calles, ninguna toma efectiva del control como fuerza ocupante. ProdCjose as1, con el desmoronamiento del aparato estatal mesopotmico, una situaci;n "casi Cnica en la historia" de vac1o de poder pol1tico, una situaci;n de anarqu1a o carencia de estado. No hab1a polic1a, ni patrullaba ej)rcito alguno: ni el propio, destruido por el invasor, ni el de la potencia agresora. S;lo varios d1as despu)s empezaron los ocupantes yanquis a autorizar patrullas de polic1as iraqu1es desarmados, vigiladas por escoltas armadas norteamericanas, y eso s;lo en algunas arterias de la capital. Hasta fines de abril no asumieron responsabilidades de autoridad pCblica; incluso cuando empezaron a hacerlo, no fue organizando los servicios estatales de suministro de agua y luz, desagGe, limpieza, distribuci;n de alimentos, sino mediopermitiendo "y eso a rega9adientes, ante la avalancha de protestas en el mundo por la catstrofe humanitaria que hab1an causado" que la Cruz Roja y los voluntarios iraqu1es comenzaran a hacer algo para un precario y provisional suministro de fluido. La vida civil sigue paralizada. A la hecatombe de los bombardeos yanquis ha seguido la anarqu1a bajo la mirada desde9osa del ocupante "si es que no ha habido complicidad por su parte en la organizaci;n de los saqueos. Hip;tesis no faltan. Certezas, s1. Los despiadados bombardeos, que se hab1an ido intensificando, llegaron a su punto culminante cuando en la tarde del martes 8 de abril los aviones estadounidenses lanzaron bombas de una tonelada sobre un barrio popular de Bagdad. Muchos comentaristas han elogiado  X& la moderaci;n de los bombardeos, que no han llegado al anunciado `shock and awe,?&X ~J* ԍConmoci;n y pavor.? lo cual&o.-- habr1a semiarrasado toda la vida urbana del pa1s. En suma, se elogia a los EE.UU porque, pudiendo matar o lisiar a millones, se hayan contentado con miles. Y es verdad; estuvo lejos de la realizaci;n ese anuncio "que formaba parte de la guerra psicol;gica"; mas tambi)n es cierto que, d1a a d1a, se iban recrudeciendo los bombardeos; al producirse el desmoronamiento de la resistencia bagdad1 el mi)rcoles 9, se sab1a que, al nuevo ritmo, en unas semanas ms la ciudad ser1a reducida a un mont;n de escombros. Esos d1as finales tambi)n hab1an supuesto la destrucci;n total por la aviaci;n estadounidense de las principales instalaciones de servicio pCblico iraqu1. Ces; de emitir la radiotelevisi;n; interrumpi)ronse las l1neas telef;nicas, aparte de que fueron destruidas las plantas y centrales de agua y luz. Dej; de ser posible la vida civil y, con ella, la actividad de defensa. Una nueva catstrofe fue la anarqu1a reinante tras la ca1da de la ciudad en manos de los conquistadores estadounidenses. No hay ningCn precedente hist;rico de lo acaecido en Bagdad en las semanas que siguieron al 10 de abril del 2003. Des;rdenes y actos de pillaje los ha habido en todos los momentos en que se genera una vacancia parcial de poder pol1tico, una situaci;n de confusi;n, un resquebrajamiento de la vigilancia de las fuerzas de seguridad. Ya en su adolescencia estuvo fuertemente traumatizado Ignacio Silone por los pillajes que tuvieron lugar en su pa1s natal del sur de Italia con ocasi;n de un terremoto. En 1974 la huelga de la polic1a de Lima condujo a los mayores saqueos conocidos hasta ahora en gran escala. La sublevaci;n militarfascista en Espa9a en julio de 1936 caus; una paralizaci;n transitoria de la mquina del estado en la zona republicana, lo cual tambi)n desemboc; en  XT cientos, tal vez miles, de asesinatos y otros actos il1citos.T ~J ԍY eso que fueron en parte contenidos mediante la sujeci;n y la disciplina de unas milicias populares que encuadraron y encauzaron a las masas, estableciendo un semipoder de facto. Tambi)n se han producido mCltiples actos de venganza, robo, pillaje, violaci;n y vandalismo en otras situaciones de guerra, inundaci;n, epidemia u otros estragos naturales o de factura humana, cuando la acci;n de las fuerzas de seguridad ha quedado paralizada u obstaculizada. Lejos de ser una particularidad iraqu1 "o de constituir, como lo quiere la propaganda imperialista, una rabiosa explosi;n de malestar contenido por los decenios de opresi;n del r)gimen baasista", la oleada de saqueos, des;rdenes, violaciones, robos, destrucciones y actos vandlicos que hemos presenciado en Bagdad no es sino un grado mximo del mal de la anarqu1a, provocado por el grado, tambi)n mximo, de ausencia de estado y de cuerpos de seguridad pCblica; al paso que, en las situaciones mencionadas en el penCltimo prrafo, s;lo hubo una vacancia parcial del estado "y, por consiguiente, los des;rdenes fueron limitados. La Bagdad de los d1as 10 a veintitantos de abril del 2003 es el Cnico ejemplo hist;rico conocido de anarqu1a plena, de completa ausencia de poder pol1tico, de inexistencia total de fuerzas o cuerpos de seguridad. RebCsquese en la historia, repsense sus pginas, consCltese lo que ocurri; en otros momentos, y no se hallar nada igual. Ni se encontrar ejemplo alguno comparable de vandalismo masivo y de destrucci;n del patrimonio cultural de la humanidad: no s;lo el saqueo del museo de Bagdad, sino el' o.-- incendio de archivos y bibliotecas, la trituraci;n de las colecciones arqueol;gicas no s;lo  X preislmicas, sino tambi)n del califato de Bagdad y de la Mesopotamia turca. ~Jb ԍAs1 han sido pasto de las llamas varios siglos de archivos de la pertenencia de Mesopotamia al sultanato otomano, que hab1an sobrevivido a todas las guerras precedentes. Hay muchas explicaciones, mas la principal es la propia anarqu1a. En toda sociedad humana hay un nCmero de individuos a los que s;lo contiene el temor a las fuerzas de seguridad y a la mquina judicial de represi;n del delito. Ausentes o debilitados esos mecanismos, tales individuos estn dispuestos a violar, robar, matar, saquear, destruir o incendiar; unos a unas cosas, otros a otras. Son muchos? Son pocos? Muchos o pocos, los hay. Hoy sabemos que el pnico a la inseguridad atenaza a mucha gente humilde en cualquier pa1s de Europa; hay en todos esos pa1ses miles de personas que exigir1an un piquete de polic1a en cada esquina para contener robos, acosos, pillajes y actos vandlicos; y eso est pasando en pa1ses con cuerpos de seguridad bien organizados, y que obedecen una disciplina; en pa1ses donde hay una elevada renta por habitante, un nivel medio de prosperidad bueno en relaci;n con la mayor1a de la humanidad; donde existen socorros para situaciones extremas de hambre o miseria, instituciones de protecci;n al desamparo, mal llamadas `estado del  X bienestar'.   ~Jd ԍPuede cualquiera imaginar qu) ser1an las banlieues difficiles de Par1s si en Francia se hundiera el poder pol1tico y se derrumbaran y desarticularan sCbitamente las fuerzas de seguridad del estado. Desaparecer1an, con el Louvre y la Biblioteca Nacional, todos los museos de la capital francesa; arder1an miles de edificios. En fin, reinar1a la anarqu1a, en la que el ms d)bil lleva siempre las de perder. No son iguales todas las personas que aprovechan la ocasi;n para perpetrar tales actos, unos de destrucci;n, otros de saqueo, robo, violencia, apropiaci;n il1cita. Unos lo hacen por unos motivos, otros por otros. Seguramente hay un denominador comCn, que es la hostilidad al ordenamiento jur1dico, al sistema normativo preexistente, o al menos el escaso respeto, la poca veneraci;n a ese sistema normativo y a la sociedad en que viven o han vivido hasta ese momento. La hostilidad al ordenamiento jur1dico, frecuente entre los delincuentes, a veces va unida a un resentimiento contra los dems, contra la sociedad, pero puede tambi)n darse al margen de cualquier actitud de revancha o de rencor. Sin embargo, esa hostilidad tiene muchos grados y matices y va asociada a muy diversas actitudes humanas, ps1quicas, sociales y culturales. 6b  X@ $S  2." De c;mo los EE.UU Implantaron en Bagdad la Anarqu1a )aSean cuales fueren las causas de la condescendiente pasividad del ocupante norteamericano frente a los des;rdenes y su ulterior inhibici;n en los esfuerzos de puesta en marcha de los servicios esenciales, el hecho es que Bagdad y buena parte de Mesopotamia carecieron "y en el momento de escribirse estas l1neas, siguen careciendo" de poder pol1tico, salvo por la presencia militar de esas tropas y el fuego que lanzaban contra los focos de resistencia reales o supuestos, as1 como por la caza de brujas que han lanzado contra los refugiados pol1ticos de otros pa1ses y contra los iraqu1es partidarios del anterior gobierno.#o.--ԌY justamente esa ausencia de poder pol1tico confirma la tesis del gran fil;sofo ingl)s del siglo XVII Thomas Hobbes de que el peor poder pol1tico es mejor que ninguno. Una sociedad humana sin poder pol1tico (o, si se quiere decirlo as1, sin estado) ser1a una sociedad en la que no habr1a autoridad, o la que hubiera se impondr1a s;lo por la exhortaci;n, no coercitivamente. Para que fuera posible ser1a menester que no hubiera ningCn aprovechado, ningCn individuo violento, ningCn infractor de los preceptos de convivencia. Si hay uno, habr  Xv que acudir a algCn procedimiento coercitivo organizado.v ~J ԍNo desorganizado y al buen tuntCn o al arbitrio de cada uno, porque eso generar una nueva cadena de violencias. Y ya tendremos una forma u otra de poder pol1tico (como la que se ha empezado ahora a organizar desde la base en barrios de Bagdad). El anarquismo s;lo ser1a aplicable en una sociedad de arcngeles (y aun eso es dudoso). El imperialismo yanqui ha violado con frenes1 dos principios que dice profesar. 1) El primero es el principio de la v1a pac1fica, consistente en rechazar todo recurso a la fuerza para derrocar a un poder establecido, por injusto o cruel que sea. En los casos de tiran1as sanguinarias instauradas o afianzadas por ese mismo imperialismo yanqui, la inconmovible doctrina estadounidense siempre ha sido la de que los pueblos hab1an  X de esperar pacientemente, en vez de sublevarse contra sus opresores. X ~J ԍTal ha sido la firme posici;n de los EE.UU con relaci;n a la Espa9a de Franco, el Portugal de Salazar, el Chile de Pinochet, la Surfrica del Apartheid, la Nicaragua de Somoza, la Cuba de Batista, el Paraguay de Stroesner, el Santo Domingo de Trujillo, el Hait1 de Duvalier, el Congo de Mobutu, el Paquistn de Musharraf, la Indonesia de Suharto, las Filipinas de Marcos, la Persia del Shah y as1 sucesivamente.#  "Parec1a clara la generalizaci;n de ese principio de la v1a pac1fica: nunca se justifica la lucha armada para derrocar a un r)gimen pol1tico. Mas sabemos que para ellos nunca se justifica salvo cuando el r)gimen pol1tico en cuesti;n se haya enfrentado a los EE.UU u obstaculice la econom1a de libre mercado. En tales casos los EE.UU financian y arman las subversiones violentas o intervienen militarmente ellos mismos "como lo han hecho decenas de veces en todos los continentes.#  "En cualquier caso, esas numerosas intervenciones conculcan su principio de nosubversi;n o de la v1a pac1fica (si bien los principios valen lo que valen para los imperialistas yanquis). Nunca han tipificado los rasgos que "en virtud de alguna regla general" justificar1an la lucha armada, porque naturalmente nunca se han atrevido a decir que el Cnico criterio es el de que haya o no conflicto de intereses con los EE.UU.# 2) El segundo principio es el de la continuidad estatal, o sea el de la necesidad de mantener el orden y preservar las estructuras estatales incluso al producirse cambios de r)gimen pol1tico. As1, los imperialistas yanquis siempre han insistido en que las alteraciones pol1ticas se efectCen sin quebrantamiento del aparato estatal preexistente y en que un nuevo gobierno ha de heredar las tareas, deberes y derechos del que venga a reemplazar. Incluso en sus dems intervenciones y ocupaciones militares han mantenido a las fuerzas de seguridad del sistema pol1tico anterior.#  X!  "Al producirse revoluciones populares,!@ ~J) ԍP.ej. en las Filipinas, Corea del Sur, Persia, Cuba, o modificaciones del sistema pol1tico en Espa9a, Portugal, Turqu1a, Brasil, Chile, Indonesia, Surfrica, Namibia, Zimbabue, etc. siempre han exigido los EE.UU que no se atente a los cuerpos de seguridad previos y que se preserve el aparato estatal.#"o.--Ԍ "Est claro para qu) lo exig1an, mas tambi)n lo est que, de nuevo, su principio confesado no puede ser el de que ello vale cuando les convenga a los inversionistas estadounidenses.#  "En este caso ellos mismos han transgredido esa regla. No pod1a permanecer en pie ningCn cuerpo armado anterior, ni siquiera sector alguno del aparato pol1tico, dada la exigencia imperialista de capitulaci;n incondicional del gobierno iraqu1 y el anuncio de desarticulaci;n del sistema pol1tico del socialismo baasista, as1 como de una persecuci;n policial contra un espectro indeterminado de l1deres pol1ticos socialistas y una partici;n federal de la RepCblica en varios cachos )tnicoreligiosos.#  "Mas, por si quedaba alguna duda, incluso cuando un nCmero de polic1as iraqu1es acudieron voluntarios a cumplir misiones de restablecimiento del orden "aunque bajo supremac1a estadounidense", s;lo fueron autorizados a hacerlo desarmados y escoltados por soldados norteamericanos; y eso, claro, Cnicamente en determinadas arterias de la capital. O sea, la soldadesca estadounidense prohibi; el ejercicio de las funciones de vigilancia y defensa del orden, ya lo hiciera por miedo o por odio o por lo que fuera.# Frente a esa actuaci;n sin principios y meramente oportunista del imperialismo yanqui, los revolucionarios han de reconsiderar y repensar las reglas de la propia revoluci;n  X antiimperialista.z  ~J= ԍAl decir `revolucionarios', me refiero a los que aspiramos a la revoluci;n social.z " Frente a la ilegalidad del imperialismo y su desprecio al derecho, los revolucionarios har1an bien en defender el principio de legalidad, a cuyo tenor ellos se esforzarn siempre por actuar en el marco de la ley y s;lo se saldrn de tal marco en casos extremos en los que los promulgamientos del legislador positivo vulneren groseramente las normas de derecho natural y de gentes y los principios generales del derecho promulgados por las propias masas populares mediante su adhesi;n.# " Frente a la violencia y el recurso al uso de la fuerza y a la subversi;n terrorista que perpetra constantemente el imperialismo yanqui, los revolucionarios har1an bien en defender el principio de la noviolencia, explicando que el recurso a la insurrecci;n o a la lucha armada es leg1timo Cnicamente en casos extremos de tiran1a insufrible, caracterizada por la total ausencia de cauces de protesta pac1fica y de razonables perspectivas de evoluci;n, siempre que adems concurran otras circunstancias, tambi)n excepcionales, que la hagan justa y viable.# " Frente a la instauraci;n de la anarqu1a y la trituraci;n del estado a que se han entregado los invasores imperialistas en Mesopotamia (inaugurando tal vez una nueva modalidad de la conquista neocolonial), los revolucionarios har1an bien asumiendo el principio de continuaci;n del estado. La revoluci;n, incluso cuando se produzca "porque tenga que producirse, porque no haya habido evoluci;n posible", ha de asumir la continuidad del estado y el mantenimiento del aparato estatal preexistente, aunque debidamente depurado, reorganizado, vigorizado y moralizado.# Y ello por tres razones: 1) La primera es que hoy el aparato estatal es tambi)n la maquinaria administrativa que se ocupa: del transporte pCblico; de la protecci;n social; de la vivienda social; de la)X o.-- sanidad pCblica; de la distribuci;n de ayudas pecuniarias y en especie a los sectores desvalidos (los mayores, los desempleados, los hu)rfanos, etc); de la recolocaci;n de los desocupados; de la cultura;  ~JK ԍMuseos, bibliotecas, jardines botnicos, institutos de investigaci;n, conservatorios de mCsica, centros de arte, festivales, medios de difusi;n cultural. de la educaci;n pCblica; de los servicios de prevenci;n e intervenci;n colectiva frente a catstrofes, accidentes, desgracias, estragos, epidemias, etc. Paralizar el aparato administrativo del estado acarrea el derrumbe de toda esa actividad.# 2) La segunda es que hoy el estado es el principal agente econ;mico, de un modo u otro. En Mesopotamia, naturalmente, y en congruencia con las ideas del socialismo rabe baasista, el sector pCblico de la econom1a abarcaba ms de las dos terceras partes de  X la producci;n industrial y de los servicios.   ~Jx ԍSiendo la destrucci;n de esa propiedad colectiva uno de los objetivos de la nueva administraci;n colonial estadounidense. Mas incluso donde las pol1ticas privatizadoras han tendido a destruir el tejido industrial pCblico, siempre subsiste una parte de la econom1a nacionalizada, donde los privatizadores han fracasado en su intento de malbaratar esa riqueza de todos. En tales condiciones, destruir o quebrantar el aparato administrativo del estado significa provocar el derrumbe del sector pCblico de la econom1a.# 3) La tercera es que "incluso a la espera de la construcci;n de otro aparato estatal alternativo, si es que fuera eso lo que se pretendiera" paralizar, destruir o quebrantar gravemente el existente significar1a destrozar el orden pCblico y poner en vigor la anarqu1a, que ya hemos visto qu) efectos produce. Hay que recordar que los ms desvalidos, los ms pobres, son los ms interesados en la preservaci;n del orden pCblico, frente a lo que pudiera parecer de que son los que tienen menos que perder. (Sern aquellos a los que menos hay que robar; mas son tambi)n los ms vulnerables, los que ms dif1cilmente pueden blindar sus pobres moradas y ponerse a salvo de atropellos, hostigamientos, violaciones o robos, as1 como tambi)n aquellos que ms graves consecuencias sufrirn como efecto de cualquier robo y de cualquier violencia.)# La anarqu1a no es revolucionaria. La destrucci;n del aparato estatal no es buena para una verdadera revoluci;n popular. S;lo favorece el caos, el pillaje y el vandalismo, que preparan el terreno para la reimposici;n tirnica de los viejos poderes de las clases altas. 6b  X +2  3." El Desmoronamiento del Ej)rcito Iraqu1 )aPara muchos fue una sorpresa que los imperialistas estadounidenses se apoderasen tan rpidamente de Bagdad, cuando hab1an tardado tanto en conquistar terreno en la zona de confluencia y desembocadura de los r1os Tigris y Eufrates. Si se hab1a resistido tanto en el sur, igual o ms se resistir1a en el centro y en el norte. Si en 3 semanas de guerra los EE.UU e Inglaterra no hab1an consolidado del todo su ocupaci;n de la zona de Basora, har1an falta (se calculaba) otras tantas semanas para que se asentaran en Bagdad." o.--ԌLa decepci;n de unos fue el regocijo de otros, mas muchos, de unos u otros sentimientos, han prorrumpido en declaraciones del tenor de que finalmente `la guerra de Irak  X no tendr lugar'.  ~JK ԍDicho as1 o con imgenes literarias que no hacen al caso, como la evocaci;n de la obra de Giraudoux, de los a9os 30, La  ~J guerre de Troie n'aura pas lieu. Hay que recordarles que la guerra de Irak s1 ha tenido lugar; no s;lo que Bagdad cay; Cnicamente tras 3 semanas de guerra, sino que todav1a hubo otra semana ms de guerra en el norte. Nadie niega que la guerra de los 6 d1as de 1967 fue guerra; y s;lo dur; 6 d1as, no 4 semanas. Hay que recordarles que la guerra no s;lo ha significado para el agredido much1simas destrucciones, muertes, sufrimientos, amputaciones, lesiones para toda la vida, sino que tambi)n ha causado un nCmero de bajas y p)rdidas al invasor; que no se ha tratado de ningCn paseo militar, que el ej)rcito y las milicias populares iraqu1es han hecho pagar cara la victoria a los agresores, hasta el punto de que en v1speras del triunfo militar estaban consternados por lo que parec1a una campa9a fracasada. Claro que s;lo lo parec1a. Nadie que haya estudiado la historia de las guerras y de las batallas puede desconcertarse por lo acontecido. Eso ha pasado en casi todas las victorias, que se han solido obtener como resultado de una erosi;n del bando derrotado, el cual acaba sucumbiendo a una fuerza superior mas todav1a unos momentos antes de su hundimiento segu1a oponiendo una resistencia encarnizada y que llevaba visos de continuar. L)anse los relatos de los historiadores de la antigGedad y se comprobar lo que digo. En las guerras modernas no hay, como en las antiguas, batallas diversas y mCltiples, con alineamientos de combate independientes y separados unos de otros. Las modernas comunicaciones hacen que una guerra sea una batalla Cnica, no un rosario de batallas. Por eso lo que narra Tito Livio de cualquier batalla de la segunda guerra pCnica puede aplicarse a la batalla de Mesopotamia de las semanas que siguieron al ataque imperialista del 19 de marzo del 2003.  X Y lo que sucede es que el agmen, la l1nea de combate, que hab1a estado resistiendo bien, de pronto se desmorona; que sCbitamente cunde el pnico y se produce la desbandada.  X Puede ser por un movimiento envolvente del enemigo;   ~Jl ԍAunque naturalmente muchos movimientos envolventes eran intentos fallidos, porque no siempre se hacen en el momento oportuno. o una penetraci;n central que parte  X la l1nea defensiva.x ~J ԍDe nuevo hay que advertir que s;lo si se produce en determinadas condiciones, principalmente una superioridad t)cnica y num)rica del ej)rcito que efectCa la maniobra. Creo que todo eso se daba en este caso. Las tropas invasoras quebrantaron la capacidad defensiva de la guarnici;n de Bagdad sometiendo a la ciudad en los d1as previos a un bombardeo masivo y brutal, destruyendo los servicios de comunicaci;n, suministro de fluido y transporte, y aterrorizando a la poblaci;n y a las tropas. A la vez emprendieron las dos maniobras clsicas de perforaci;n central y de rodeo, cercando a la capital. En tales condiciones es perfectamente comprensible que se hayan producido movimientos de pnico contagioso que hayan desembocado en deserci;n y desbandada general, convenciendo a la direcci;n pol1tica de la inutilidad de proseguir en esas condiciones la resistencia armada, que ya s;lo ser1a un suicidio.+"o.--ԌTodo eso es tan claro, tan similar a lo que conoce la historia de las batallas y la de los ej)rcitos, tan conforme con lo que creemos saber de la psicolog1a humana, que casi parece extra9o que haya habido estupor por la precipitaci;n de los acontecimientos. Mas los acontecimientos siempre acaban precipitndose, tras haber estado hirviendo a fuego lento y cuando parec1a que la cosa iba a durar ms. 6b  Xb 1u 4." Paso a la Clandestinidad? )aSiendo la mar de veros1mil lo que acabo de exponer en el apartado precedente, tambi)n es perfectamente plausible la hip;tesis de que la direcci;n iraqu1, al cerciorarse del quebrantamiento irreversible de la l1nea defensiva, decidiera pasar a la clandestinidad para reanudar la lucha antiimperialista en otras condiciones. Tal vez, siguiendo las ideas de Mao Tsetung, agazapndose, acumulando fuerzas subterrneamente y esperando el momento oportuno para salir a la superficie y afrontar de nuevo al enemigo de la naci;n rabe y del pueblo iraqu1. De ser cierta esa hip;tesis, cabe preguntarse: por qu) Sadn Juse1n decidi; refugiarse en la clandestinidad el mi)rcoles 9 de abril y no 2, 3 ; 10 d1as antes, o por qu) no esper; todav1a uno o varios d1as prolongando una resistencia desesperada? Siguiendo en la suposici;n de que la hip;tesis sea verdadera, parece claro por qu) no se tom; antes la decisi;n: el invasor estaba todav1a lejos de Bagdad; todav1a se iban restableciendo, mal que bien, y pese al implacable bombardeo enemigo, los servicios estatales (suministro, comunicaci;n, informaci;n pCblica, etc); todav1a hab1a cuerpos del ej)rcito importantes con moral para seguir combatiendo; tal vez todav1a se esperaba que la opini;n pCblica mundial pudiera presionar, frente a una prolongaci;n de la guerra y al cansancio que originar1a, para un cese de las hostilidades (aunque tal esperanza era seguramente ilusoria); en suma, aCn no se hab1a alcanzado un punto de situaci;n desesperada. Mas cualquier persona inteligente pod1a darse cuenta el 9 de abril de que ya pronto se alcanzar1a esa situaci;n desesperada para la resistencia patri;tica del pueblo iraqu1: el bombardeo se hab1a hecho implacable y masivo, arrasando barrios enteros y diseminando a mansalva las bombas de racimo y fragmentaci;n, que hac1an la vida imposible; se hab1an paralizado los servicios pCblicos, destruidos por la aviaci;n enemiga; Bagdad estaba siendo cercada; el aeropuerto, tomado; las fuerzas remanentes del ej)rcito iraqu1, diezmadas y exhaustas, probablemente desmoralizadas, tal vez en desbandada, dif1cilmente pod1an afrontar otra batalla ms, u otra fase de la batalla que heroicamente hab1an venido librando por la independencia nacional desde el 19 de marzo. Esperar un d1a ms hubiera podido conllevar la imposibilidad del repliegue a la clandestinidad. Son compatibles, al menos en parte, ambas hip;tesis: la sCbita desmoralizaci;n masiva de las tropas y la decisi;n de paso a la clandestinidad. En el caso de que la segunda sea verdadera, tal decisi;n no pudo ser fruto improvisado y repentino de un arrebato, sino una opci;n meticulosamente preparada desde hac1a largo tiempo. Se trata, ciertamente, de una estratagema de lucha t1pica de las resistencias patri;ticas y de las luchas guerrilleras. En este caso, sin embargo, se ha producido con caracter1sticas totalmente nuevas: " lo sCbito, inesperado y desconcertante de la operaci;n;#* o.--Ԍ" el orden y la disciplina con la que ha tenido que efectuarse para, en unas pocas horas, desaparecer sin dejar rastro (y desaparecer, no un dirigente o dos, sino un mont;n de mandos, l1deres y cuadros);# " la preparaci;n concienzuda de los escondrijos y de las v1as de escape y medios para burlar al enemigo (como se echa de ver por el hecho de que semanas despu)s s;lo han logrado los invasores prender a un pu9ado de dirigentes iraqu1es, y en general s;lo a personas que ya hab1an dejado de desempe9ar cargos decisivos de mando).# Que, cuando el enemigo asedia una capital e irrumpe en ella, el gobernante derrotado se volatilice y logre escapar es, sin duda, algo que ha tenido lugar ms de una vez; muchas son,  X p.ej., las leyendas sobre si pervivieron ciertos reyes vencidos en batalla por el enemigo.w  ~J ԍPi)nsese en el rey visigodo D. Rodrigo, en el rey Sebastin de Portugal etc.w Lo que hasta ahora nunca se hab1a dado es que, como por ensalmo, se esfume repentinamente toda la direcci;n pol1tica junto con un amplio abanico de cuadros y mandos intermedios, dando plant;n al enemigo victorioso. Es )sta otra de las novedades de esta guerra. La direcci;n baasista puede haber actuado por dos razones "de ser cierta mi hip;tesis (que, insisto, no es ms que eso, aunque creo que es veros1mil)": la una era simplemente la de capear el temporal esperando la ocasi;n de ponerse a salvo; la otra era la de esperar la ocasi;n para reanudar la lucha de liberaci;n nacional contra el ocupante colonialista yanqui. Puede, naturalmente, que haya habido ambas perspectivas a t1tulo de posibilidades eventuales, quedando abierta la opci;n entre ellas en funci;n de la marcha de los acontecimientos. Desde luego, el agresor imperialista estadounidense ha sufrido un da9o con esa hbil maniobra clandestinizadora de la direcci;n iraqu1. Su sed de venganza ha recibido una ducha de fuego (y se ha descargado sobre el indefenso, como siempre hacen los imperialistas y sus lacayos). Haciendo gala de su habitual caballerosidad, los imperialistas estadounidenses han hecho estallar su c;lera denigrando y vilipendiando al enemigo derrotado (no pudiendo consolarse de que se haya frustrado su plan de mandarlo a Guantnamo amordazado, enguantado, esposado, encapuchado, con grilletes, en una jaula, de rodillas, a pan y agua para irlo destrozando a fuego lento durante a9os y a9os, y que as1 se pudriera en sus coloniales mazmorras caribe9as). Tenemos, as1, dos explicaciones reci)n consideradas "la de la desbandada de las tropas al cundir el pnico y la de un planeado paso a la clandestinidad de la direcci;n iraqu1 al calcular que se hab1a alcanzado un momento de no retorno en la marcha de las operaciones militares. Son exhaustivas? O hay otras? Hay otras. Una de ellas, bastante ampliamente puesta en circulaci;n, es la de un trato secreto.  X Como prueba o indicio se ha aducido (por el peri;dico Le Monde) un presunto pacto entre los yanquis y Maher Sufin, comandante de la guardia republicana, para obtener un salvoconducto.  X# La verdad es que resulta pr;xima a cero la credibilidad de Le Monde, y de todos los  X$ ;rganos de la propaganda occidental.$X ~J ( ԍAntes hab1amos afirmado que la mitad de lo que dec1an era falso y la otra mitad enga9oso. El porcentaje es ahora ms bien del 70% falso y el 30% muy enga9oso. La proporci;n del 50/50 era una apreciaci;n, a ojo de buen cubero, que se aplicar1a  ~J) al periodismo normal. En esta guerra ha cobrado preeminencia el periodismo incrustado (embedded journalism), un mero ap)ndice propagand1stico de la intendencia militar. Sucede, empero, que la diferencia tiende a difuminarse "y es esto lo que lleva a revisar los porcentajes. As1, los periodistas que, tras la conquista, han quedado en Mesopotamia tienen que tener el visto  ~J+ bueno, o el nihil obstat, de las autoridades militares yanquis; resultado de lo cual ha sido la salida del pa1s de los pocos+o.-- corresponsales que hab1an venido informando con algo de objetividad "aunque fuera sesgadamente y mezclando los datos con las insinuaciones, los rumores, los silencios. Los yanquis exigen ahora reporteros incondicionales. En todo lo cual se funda nuestra pauta metodol;gica de desconfianza. El autor de estas l1neas ha adoptado, por precauci;n, la siguiente regla: creer s;lo aquellas presuntas informaciones que se basen en datos presuntamente independientes (no repetitivos) de una pluralidad de tales periodistas, cruzados unos con otros, reiterados a lo largo de d1as sucesivos o de semanas, parcialmente corroborados entre s1 (y ello a pesar de la escasa credibilidad de cada uno por separado); o excepcionalmente cuando habr1a motivos para que no dijeran lo que dicen (suscitando as1, excepcionalmente, una presunci;n de veracidad); o cuando concurren otras circunstancias que incrementen la verosimilitud de la informaci;n. Y con ese precario material operamos, porque no tenemos ojos sobre el terreno.$ o.--ԌConque, a falta de corroboraci;n de otras fuentes, esa noticia del rotativo parisino me permito ponerla entre interrogaciones. Sea como fuere, que un comandante haya claudicado o pactado no prueba en absoluto que lo haya hecho la presidencia de la repCblica, aparte de lo absolutamente inveros1mil que ser1a. En rigor quienes lanzan tan peregrina explicaci;n habr1an de ofrecer al pCblico un relato, por conjetural que fuera, m1nimamente cre1ble. Aisladamente la hip;tesis del pacto secreto es tan inveros1mil y gratuita como la de que exista un convenio oculto entre Bush y Kim ChongIl y que est)n ambos simplemente jugando un papel teatral; o que la guerra civil en Liberia sea otra escenificaci;n dramtica para la galer1a; o cualquier otra conjetura igualmente fantstica. No trato con ello de oponerme a cualquier hip;tesis conspiratoria. Hay quienes tratan de desacreditar cualquier explicaci;n de sucesos hist;ricos que no les convence tildndola de `teor1a conspiratoria'. Mas hay que distinguir. Una cosa es que se puedan razonablemente explicar grandes pginas hist;ricas o per1odos enteros por algCn complot urdido en la sombra en cuya ejecuci;n ser1an meros peones las diversas fuerzas encontradas. Otra cosa totalmente diversa e infinitamente ms razonable, modesta y veros1mil es que ciertos acontecimientos se puedan explicar por planes secretos, concertados por unos cuantos agentes particularmente poderosos. En realidad es una perogrullada que as1 sucede; es una verdad obvia e indiscutible que hay acuerdos secretos y que )stos explican algunos sucesos. Pero no hay ningCn gran complejo de acaecimientos hist;ricos que se pueda explicar sensatamente por un Cnico acuerdo secreto, pues los diferentes agentes individuales y colectivos participan con sus propios intereses, con sus propias ideas, con sus propios planes, con sus propios errores, con sus propios prejuicios, con su propia ceguera, con sus propias ilusiones; y ser1a imposible que todo eso estuviera providencialmente teleguiado, ni siquiera previsto por ningCn agente humano, individual, colectivo o coordinado. As1 que no descarto la hip;tesis de un pacto secreto entre Sadn Juse1n y los imperialistas yanquis simplemente porque es una teor1a conspiratoria. La rechazo porque es una teor1a conspiratoria incre1ble. Para que sea cre1ble una teor1a ha de cumplir varias condiciones. En primer lugar, ha de casar con la evidencia disponible. En segundo lugar, ha de tener alguna coherencia interna; sus contradicciones han de ser reconducibles a la gradualidad de las cosas (humanas o no humanas). En tercer lugar, ha de tener un poder explicativo; y para tener poder explicativo ha  X de ofrecer un cierto grado de detalle en las explicaciones. ~JX( ԍY no meramente una apelaci;n explicativa en tropel, global, sin desglosar los v1nculos causales y sin articular las mediaciones. Claro que todo eso es tanto ms dif1cil de ofrecer cuanto ms se trate de elucubraciones especulativas y menos de hip;tesis s;lidas con anclaje en los datos de la evidencia emp1rica (salvo escribiendo una novela, fruto de la imaginaci;n). o.--ԌLa hip;tesis del pacto secreto entre Sadn Juse1n y el invasor yanqui resulta rocambolesca, no casa con los datos emp1ricos, no tiene solidez y explica cualquier cosa o nada al no venir acompa9ada de ningCn relato m1nimamente descriptivo del c;mo, el cundo, el d;nde, el para qu), ni de por qu) se concluy; presuntamente ese pacto y no otro menos costoso para las partes en otro momento. Y es que no ofrece historia alguna sobre en qu) momento se habr1an iniciado los contactos, qu) t)rminos de mutuo acuerdo podr1an hallarse y qu) ventajas sacar1a el vencedor de un pacto con el vencido privndose de saborear la cruel venganza con la que ya se le hac1a la boca agua. Ni a9ade credibilidad alguna a tan fantstica sospecha el que en el pasado hubiera habido acuerdos entre la direcci;n baasista y el gobierno norteamericano. Si vamos a eso, cualquiera ha tenido acuerdos con cualquiera, y hasta entre cielo e infierno ha de darse algCn convenio aunque s;lo sea para fijar la frontera. Descartada as1 esa hip;tesis poco veros1mil, tal vez haya todav1a otras explicaciones, si es que hacen falta. Mientras llegan, podemos darnos por satisfechos con una explicaci;n combinada que aduzca el sCbito hundimiento de la moral de las tropas al irrumpir en la zona capitalina las fuerzas invasoras y un paso de la direcci;n a la clandestinidad con arreglo a un plan preconcebido. 6b  X: (d  5." Inhibici;n o Complicidad con los Des;rdenes )aParece veros1mil que muchos saqueadores de Bagdad hayan actuado principalmente por nimo de lucro. Tambi)n es probable que algunos de los incendios y de las devastaciones del patrimonio cultural hayan sido provocados por el fanatismo religioso shiita, que odia la herencia preislmica y tambi)n la herencia sunita (incluida la del califato y la turca). Mas ha habido alegaciones precisas de organizaci;n conspiratoria de buena parte de tales des;rdenes; muchos han apuntado con el dedo al ocupante yanqui. No es inveros1mil que haya algo de eso. Puede haber diversas explicaciones. 1) En primer lugar, una parte de los saqueos de bienes culturales se reconduce a redes que acaban vendiendo el bot1n en Par1s, Londres y Nueva York, lo cual redunda en un enriquecimiento de algunos magnates de las potencias colonialistas y en un empobrecimiento del pa1s colonizado. Las nuevas piezas de las colecciones londinenses o neoyorquinas supondrn nuevas ganancias econ;micas y un pr;spero comercio para  Xq anticuarios y traficantes.q ~J! ԍSeguramente para propiciar la ocultaci;n se han destruido los archivos de los museos de Bagdad y Mosul.# 2) En segundo lugar, es obvio que los imperialistas yanquis odian y desprecian al pueblo iraqu1 y al estado iraqu1, al cual querr1an despedazar, descuartizar y desmembrar; para esa tarea les viene bien cuanto sea destrucci;n de los vestigios de la memoria hist;rica.# 3) En tercer lugar, las bandas de rufianes sern el campo de reclutamiento de las futuras mesnadas mercenarias del dominador colonial estadounidense; no presagiar1a una arm;nica relaci;n con esos futuros esbirros ponerse a malas con ellos para preservar bienes que, en el mejor caso, le son indiferentes a la soldadesca yanqui (la cual sabemos que ha aprovechado para sacar tajada y llevarse en sus furgones una parte del bot1n robado).#( Xo.--Ԍ4) Tal vez tambi)n los ocupantes han juzgado que una org1a de destrucciones y violencias domar1a a los iraqu1es y los har1a proclives a la aceptaci;n de la presencia militar norteamericana como mal menor.# No es exhaustiva esa lista de explicaciones. El hecho es que las tropas yanquis no tuvieron que enfrentarse a la resistencia casa por casa que se hab1a anticipado entre otras razones porque no recorrieron la ciudad, ni casa por casa ni calle por calle, ni siquiera barrio por barrio, sino que se limitaron a seguir machacando desde lejos a los lugares donde sospechaban la presencia potencial de focos de resistencia. Por otro lado, hay que puntualizar que tuvo sus l1mites esa instauraci;n de la anarqu1a en Irak por el invasor ej)rcito norteamericano durante las semanas que siguieron a la toma de Bagdad el 9 de abril. De tal anarqu1a se preserv; lo Cnico que interesaba a los yanquis: el petr;leo. Las tropas invasoras llevaban planes detallados sobre la ubicaci;n de las instalaciones y oficinas relacionadas con el oro negro, entre ellas el ministerio de los hidrocarburos, que fue prontamente puesto a salvo de los saqueos y de cualquier incursi;n, vandlica o de cualquier otra 1ndole. Una fuerte guardia armada norteamericana bloque; rpidamente el acceso al edificio; e igualmente fueron preservados los dems centros de esa rama, corroborando el especial inter)s de los EE.UU en apropiarse de esa riqueza mesopotmica y explotarla para su propio lucro. 6b  X 3Y 6." Planes para el Futuro )aLo ms dif1cil de explicar de todo lo que ha pasado y lo que sigue pasando es la actuaci;n de los invasores yanquis y el engarce entre esa actuaci;n y los planes para el futuro. Contrariamente a lo que tanto se ha repetido de que la guerra era preventiva, la justificaci;n de prevenci;n jug; s;lo un papel menor, y eso en el comienzo, para pasar a ser marginal y a la postre casi esfumarse, al paso que iba cobrando primac1a la justificaci;n punitiva (se trataba de castigar a Sadn Juse1n por la represi;n del secesionismo curdo, por la anexi;n de Cuvait en 1990, y hasta por la guerra contra la vecina Persia de 1980, as1 como por su dictadura interna). Si se trataba de castigar, est hecho; o estar1a hecho del todo si hubieran capturado a los reos, cuyo nCmero no ha quedado fijado: son cien? Mil? Cien mil? Si se los mandara a Guantnamo a gemir de por vida en jaulas de hierro y se los filmara para exhibir la pel1cula en sesiones reservadas del Pentgono y la Casa Blanca, entonces se podr1a saborear de lleno la humillaci;n de quien os; nacionalizar el petr;leo y desafiar el dictado de Washington. Aun sin llegar a tanto, cabe pensar que el castigo se ha propinado suficientemente. Y, en la medida en que de eso se trataba, no hay ms que hablar, y s;lo revela ingenuidad el buscar los tres pies al gato dndole vueltas a la cuesti;n de qu) ms pretend1an en Mesopotamia los conquistadores neocoloniales. Si lo que ms pretend1an era la venganza, en l1neas generales est conseguido, y carece de mucho fundamento reprocharles la confusi;n, la chapuza, el desbarajuste, la desidia de su acci;n salvo en aplastar implacablemente todo foco de resistencia patri;tica por la superioridad de su armamento. De paso, se han alcanzado muchos otros objetivos, que no dependen para nada de qu) se haga o deje de hacer ahora en esa supuesta y dudosa llamada `reconstrucci;n de Irak'. Se han justificado inmensos gastos armament1sticos y militares, para solaz de los mercaderes de equipo b)lico. Se han experimentado nuevas armas, nuevos trucos, nuevos instrumentos, nuevas+ o.-- t)cnicas. Se ha saciado el sadismo de una soldadesca cansada de s;lo jugar a matar. Se ha intimidado al mundo entero. Se ha incrementado la superioridad militar de los EE.UU sobre el resto del planeta Tierra (porque la superioridad militar no estriba s;lo en la cantidad y en la calidad t)cnica, sino tambi)n en el ejercicio b)lico real). Y se han creado condiciones ms favorables para que reine en Mesopotamia un poder pol1tico favorable a los EE.UU (sea en la forma de una restauraci;n de la monarqu1a jachemita, en la de un desmembramiento fctico del pa1s, o en ambos a la vez, o en otra evoluci;n pol1tica).  X Hay que entender al establishment norteamericano. Es pragmtico y emp1rico, exento de ideales y grandes planes de futuro, salvo Cnicamente dos: 1) la idea cristianofundamentalista (calvinista) de que Am)rica es la Nueva Jerusal)n, tierra de promisi;n adonde Dios llam; a los predestinados para levantar un para1so individualista de libre empresa y libre mercado; y# 2) la idea de que en ese plan divino entra confiar a Am)rica la tarea de dominar el orbe, el  X9 destino manifiesto de la Tierra de los Libres (The Land of the Free).# Tales ideas carecen de concreci;n y s;lo brindan un auxilio muy relativo para el dise9o de planes espec1ficos.  X Eso hace que el hombre del establishment estadounidense combine esa vacua ideolog1a religiosa y flotante, que en otras partes sonar1a a una cantinela obsoleta, con una acci;n d1a a d1a, en la que se actCa sin perspectiva, a la pata la llana, y en la que se entrecruzan y chocan operaciones mal planeadas y peor ejecutadas de las mil y una agencias descoordinadas, de los diferentes departamentos de la administraci;n y del mando militar. Uno quiere ir a babor y el otro a estribor, y cada quien, en una competencia de sobreadaptaci;n, va cambiando sus planes sobre la marcha, revisndolos varias veces al d1a y guardando celosamente su particular secreto para explotarlo y hacer carrera a expensas del contrincante; de donde surge ese enorme barullo, esa inutilidad para lo que no sea matar, tullir, arrojar bombas de fuego, racimo y fragmentaci;n, machacar, aplastar. Para eso sirven, y eso es lo que saben hacer bien. El tal;n de Aquiles del imperialismo yanqui, lo que reduce su eficacia y a veces la paraliza, no es la rigidez, sino la flexibilidad. Son enemigos de la planificaci;n. Han bombardeado y destruido en Bagdad, con particular sa9a, el Ministerio de la Planificaci;n; y lo que hab1an dejado de )l han permitido que sea saqueado y devastado. Odian la idea de la planificaci;n, de la econom1a planificada, de la acci;n colectiva coordinada segCn un plan. Ensalzan al individuo, a la acci;n dispersa. Quieren un estado m1nimo, lo menos estado que quepa, lo ms pr;ximo a la anarqu1a. Alaban al empresario privado, al arribista de los negocios, al trepador que hace carrera por un golpe improvisado, al que cambia sus planes repentinamente y decide a golpe de intuici;n, a lo sumo ce9ida a clculos de costebeneficio. En la vida militar tienen que sacrificar esas concepciones y acatar una disciplina, pero en lo dems vuelven a esos  X# parmetros, que son los suyos por defecto. Ahora bien, dentro de eso "y aparte de la finalidad punitiva (y las a ella anejas que acabo de evocar)" su Cnica justificaci;n de la guerra ha sido el plan mir1fico de implantar en Mesopotamia un r)gimen democrtico, que har1a del pa1s un emporio de prosperidad y servir1a de vitrina para el resto de la zona, por las virtudes de la propia democracia (y dada la riqueza de hidrocarburos, que ellos sobreestiman, como el negociante de cualquier rubro tiende a sobreestimar el valor y la importancia de las mercanc1as de ese rengl;n). C;mo y cunto conducen a ese plan las acciones de la soldadesca estadounidense? Mal, muy mal. Otra de las muchas novedades de esta guerra es que el mando militar ha+o.-- permanecido alejad1simo del pa1s donde se desarrollaban las operaciones militares y las tropas sobre el terreno han dado la impresi;n de actuar desordenadamente, salvo en la ejecuci;n de ;rdenes distantes, transmitidas v1a sat)lite, que s;lo versaban sobre las acciones estrictamente b)licas. El nuevo gobernador o virrey, Jay Garner, tan requeteanunciado, ha llegado al final, tras semanas de ausencia, con un t1tulo poco determinado (las versiones period1sticas son muy fluctuantes al respecto, siendo una de ellas la de `Encargado de la Reconstrucci;n y de la Coordinaci;n de la Ayuda Humanitaria', un t1tulo que introduce otra novedad digna de menci;n en la historia de las conquistas coloniales). Y, al llegar, el general Garner no parece asumir mando de las tropas (es un militar retirado), ni queda nada claro qu) poderes tiene. No asume la funci;n de jefe de estado iraqu1. No aparece con ningCn perfil m1nimamente claro qu) relaci;n guarde su oficina con el preexistente gobierno iraqu1: si se subroga en los derechos y deberes de )ste y asume el ejercicio de la soberan1a sobre Irak, o si lo que se quiere es mantener una situaci;n indefinidamente prolongable de ausencia de estado iraqu1, o un yasever, o qu). No hay ni siquiera sobre el papel o declarativamente ningCn posicionamiento jur1dico ni pol1tico. Todo es  X| perturbaci;n, una turbamulta de Chalabis y otros truhanes y pretendientes de la misma laya,;| ~J ԍAparte de que, sea deliberadamente y por clculo, sea por indecisi;n y chapuza, los ocupantes imperialistas complican la situaci;n al deshojar la margarita sobre cada uno de esos obsequiosos candidatos, al reunir c;nclaves colaboracionistas sin tareas ni competencias prefijadas, y cuyos delegados democrticos  vienen elegidos por el general Garner con un criterio voluble y antojadizo, suscitando cada vez ambiciones luego defraudadas, en un semillero de intrigas y pu9aladas, incluso en sentido literal.; de fanticos religiosos, de irredentistas septentrionales a la caza de una ocasi;n propicia para la secesi;n, en un hervidero de idas y venidas desordenadas, de bulos, de anuncios desmentidos, mientras siguen en la calle el caos, la falta de agua, luz, comida y trabajo y ya empiezan a  X  producirse manifestaciones antinorteamericanas.Yx x ~JI ԍPara las cuales hace falta tener mucho, much1simo valor, si se reflexiona en que: 1) en Basora las hordas imperialistas lanzaron una bomba inteligente  para matar a ms de cien personas reunidas del partido Baas; 2) en el sur los ocupantes imperialistas impusieron una caza de brujas (intermitente, eso s1) en contra de la militancia baasista; 3) en el norte, sobre todo en Kirkuk, los terroristas curdos han recibido la venia yanqui para lo que quieran hacer; 4) la gente est aterrorizada porque cualquier pretexto puede servir a los yanquis para arrestar o matar a quien les d) la gana o para destruir su vivienda (como hacen los sionistas en Palestina). As1 se han producido explosiones nunca explicadas en barrios particularmente desafectos a la ocupaci;n extranjera en Bagdad.Y Tal es el zafarrancho, que, de nuevo, carece de precedente hist;rico: nunca ha habido en la historia un conquistador tan atolondrado y barullero, tan atascado en su propia victoria, tan ignorante del pa1s del que se ha adue9ado, tan despreciativo, tan desconcertado. Nada de lo que ha hecho conduce en lo ms m1nimo a granjearse el respeto de la poblaci;n sometida, ni siquiera la colaboraci;n forzada. Porque ni siquiera ha respetado la regla de Hobbes que ha de aplicar incluso un bucanero que se apodera de una isla y somete a su poblaci;n, o un  X condottiere a lo C)sar Borja que, con el lema de `C)sar o nada', conquista una ciudad al frente  X de su compa91a de mercenarios. Todos ellos, y todos los que asumen una gobernaci;n, de facto  X o de iure, han de aplicar el principio de asegurar el orden, ejercer el monopolio de la fuerza y proteger, dentro de los l1mites de su propia avidez, las vidas y haciendas de la poblaci;n sometida, a cambio de esa sumisi;n. `A la cerviz de Arauco no domada pusieron duro yugo por la espada'. Mas el yugo, impuesto por la espada, contiene un pacto mutuo: de acatamiento por parte del subyugado, y de mantenimiento del orden por parte del subyugador.q o.--Ԍ6b  X_ -  7." Precedentes de la Ocupaci;n Actual )aLo que est pasando no se parece en nada a los modelos que citaron los propios imperialistas estadounidenses como autoejemplo a seguir, a pesar de la imagen id1lica y endulzada que tienen de esos modelos, las ocupaciones de Alemania y el Jap;n tras la segunda guerra mundial. Son tantas y tan de bulto las diferencias que le cuesta a uno esfuerzo tener que recordarlas, por lo obvias que son. Enumeremos tres: 1) Alemania y Jap;n eran grandes estados altamente industrializados, de enorme riqueza acumulada, con unas clases capitalistas poderos1simas, riqu1simas, cuyos caudales estaban en buena medida preservados (y a menudo ligados por lazos de negocios con empresas norteamericanas, incluso en plena guerra); contaban, principalmente, con la mayor de las riquezas: una mano de obra altamente educada, adiestrada en las t)cnicas productivas modernas, y que pod1a reconvertirse a nuevas producciones industriales con una inversi;n de capital. Mesopotamia es un pa1s pobre y atrasado, cuya Cnica riqueza es el petr;leo, una materia prima que por s1 sola no puede aportar la prosperidad de ningCn pa1s, porque en el intercambio mercantil las materias primas valen poco (aunque el petr;leo y el oro escapen al declive de precios de las dems materias primas); no es ningCn Eldorado, ni hay all1 un fabuloso tesoro, porque hoy el Cnico tesoro fabuloso es la industria moderna.# 2) Alemania y Jap;n eran pa1ses ganados a la ideolog1a y al sistema del capitalismo moderno, que compart1an los valores de los EE.UU, aunque con otras modalidades: empresa privada, econom1a de mercado, supremac1a de los estados industrializados sobre los del tercer mundo (que entonces no se llamaba as1). Mesopotamia es un estado de ese tercer mundo, un pa1s sojuzgado hist;ricamente por el occidente capitalista e imperialista, como toda la naci;n rabe, que ha construido su identidad moderna en lucha contra esa opresi;n occidental, en la afirmaci;n reivindicativa del socialismo panarabista, y que se ha orientado desde 1968 por la senda de una econom1a semisocialista planificada en la que quedan postergados el mercado y la iniciativa privada, subordinada a la pCblica; no ser tan fcil desarraigar todo eso.# 3) Alemania y Jap;n fueron decididamente colocados bajo una autoridad militar de ocupaci;n que asumi; el ejercicio de la soberan1a y del poder estatal en el pa1s ocupado, subrogndose en los derechos y tambi)n en los deberes del estado aut;ctono as1 suplantado, mientras que ahora Mesopotamia queda en un limbo sin fijar que no es ni carne ni pescado, porque los ocupantes estadounidenses no desean asumir ni una sola de las tareas y obligaciones de la potencia administradora.# 4) Al producirse la ocupaci;n de Alemania y del Jap;n en 1945, los EE.UU estaban, y estuvieron, dispuestos a invertir enormes sumas de dinero, para hacer de esos pa1ses potencias, vasallas sin duda, pero tambi)n aliadas en la lucha por estrangular y aplastar al bloque sovi)tico que encabezaba la Rusia de Stalin. En Mesopotamia no estn dispuestos a gastarse ni un real; al rev)s, van all con ansia de bot1n, a la caza de una  X,' estupenda riqueza mineral.o ,' ~J) ԍAunque lo cierto es que ese dulce se les volver amargo. La lucha por adue9arse de esa riqueza estar erizada de tropiezos y dificultades; para alcanzarse un alto nivel productivo ser1a menester una enorme inversi;n; y, si se consiguiera, el precio del crudo seguramente bajar1a, con lo cual al final el negocio ser1a menor del esperado "despu)s del enorme costo de la guerra y del desgaste pol1tico, as1 como de las desavenencias con sus propios c;mplices imperialistas, como los c1rculos de+o.-- Par1s y Berl1n. Es posible que el saldo acabe siendo lucrativo; mas, aun en ese caso, mucho menos de lo que esperaban. No es nada nuevo. Muchas conquistas coloniales del siglo XIX, desencadenadas exclusivamente por afn de lucro, se saldaron "pese a la imposici;n de un r)gimen de trabajos forzados a las poblaciones sometidas" por una p)rdida neta, ya que hab1a mucho de imaginario en las fabulosas riquezas con que so9aban los magnates de la expansi;n colonial. En eso la historia se repite.o#,'xo.--ԌTal vez ayudar1a ms la comparaci;n con las ocupaciones militares estadounidenses en Am)rica Latina. Varias de ellas, como las de Cuba, Hait1 y Santo Domingo, se prolongaron a9os y dejaron al final reg1menes tirnicos clientelares, como el del general Rafael Trujillo. Sin embargo, en aquellos casos la ocupaci;n fue ms clara y definida que ahora, proclamando la misi;n de domar a un pueblo revoltoso e insumiso; lo cual por lo menos fijaba ms las competencias que asum1a el ocupante. En resumen, hoy ser1a arriesgado hacer vaticinios sobre la evoluci;n pol1tica en Mesopotamia e incluso conjeturas sobre los planes estadounidenses. Es digno de menci;n que  X la BBC de Londres, antes de la agresi;n anglonorteamericana, juzgara fascinante cualquier plan medio aireado o evocado que viniera de Washington a manera de globosonda. Tan fascinados estaban que no se han preguntado nunca qu) se hicieron tales planes, qu) continuidad ha habido en los mismos, c;mo empalma cualquiera de ellos con las realizaciones o no realizaciones a la hora de ejecutarlos y cuando se cuenta con medios para llevarlos del papel al mundo de los hechos. Esa fascinaci;n indicaba una beata admiraci;n hacia el gran maquinador. Y ese gran maquinador es un patn que improvisa y que ni se acuerda de sus propios planes, sepultados en algCn caj;n; planes que nunca sirvieron de nada salvo para embelesar a los periodistas del sistema. O sea, ya veremos! 6b  X% ! 8." La Justa Actitud Revolucionaria ante esos Acontecimientos )aCada quien es muy due9o de sus sentimientos (en la medida, por otro lado, en que los sentimientos no se nos imponen aun sin quererlo nosotros). Abundan las declaraciones de dicha o de pena, y tal parece que, para cada situaci;n o acontecimiento, habr1a un g)nero de sentimientos obligados, que ser1a perverso no compartir. Casi choca que alguien escriba acerca de todo esto sin manifestar qu) sentimientos lo animan, de pesar, de jCbilo, o de lo que sea. Mucho de lo que hemos le1do (por no decir todo) es coincidente en expresar alegr1a por la ca1da de Sadn Juse1n y el fin de la dictadura , sentimiento compartido por Jorge Bush y Noam Chomsky, por el pr1ncipe de Gales y el Presidente Chirac, por el Rey de Jordania y el ayatol de turno en Tehern. Muchos a9aden que, si bien eso los hace felices, se entristecen de la sumisi;n de Irak al invasor yanqui, o del establecimiento de la dominaci;n estadounidense. Ahora bien, eso significa que el mismo acontecimiento suscita en ellos esos dos sentimientos opuestos, aunque bajo dos conceptuaciones distintas. Es desde luego perfectamente posible. Muchas cosas despiertan en nosotros ideas y emociones opuestas, de amorodio, de atracci;nrepulsi;n, u otros dCos as1. Mas ha de quedar claro que, en esos casos, es el mismo hecho, el mismo acontecimiento o la misma entidad lo que suscita ambas actitudes, una positiva o de adhesi;n, la otra negativa o de rechazo. As1 que, con tal que se vea como eso, est bien.v$xo.--ԌLo malo es ocultarse a uno mismo que es as1, ilusionndose con la equivocada idea de que se trata de dos acontecimientos diversos, el uno bueno y el otro malo. La ca1da de Sadn Juse1n no es un acontecimiento diverso de la implantaci;n del poder estadounidense en Mesopotamia. Son un solo y mismo hecho. Cundo tenemos dos hechos y cundo tenemos un solo y mismo hecho? Los fil;sofos discuten al respecto, diferencindose la actitud de granulaci;n fina y la de granulaci;n gruesa. As1, cuando se lanza una piedra que rompe un cristal, unos dicen que el lanzamiento es lo mismo que la rotura del cristal y otros que no. Sin embargo, en tales casos para que haya una diferencia al menos ha de haber una diversidad de causas y efectos. Si el lanzamiento de la piedra causa la rotura del cristal, entonces lo que causa el lanzamiento de la piedra no es lo que causa la rotura del cristal, ni los efectos de lo uno son efectos de lo otro. Adems, puede haber otras diferencias: el lanzamiento puede ser deliberado y la rotura no. Sin embargo, en general lo ms razonable es tender, moderadamente, a considerar en tales casos una identidad de hechos, salvo cuando haya claras razones explicativas para no hacerlo as1. Porque, de no, se ir1a a una multiplicaci;n gratuita, al infinito, sin ms l1mite que la gana o la fantas1a conceptualizadora de cada uno. Por otro lado hay una regla vlida de l;gica jur1dica que es la de que los actos l1citos s;lo tienen efectos causales l1citos. O, dicho de otro modo, la de que est prohibido lo que cause un efecto prohibido. Por consiguiente, si est prohibido romper el cristal, est prohibido lanzar la piedra. Y, si la rotura del cristal merece suscitar un sentimiento de pesar, tambi)n el lanzamiento de la piedra. Si, por hip;tesis, la ca1da de Sadn Juse1n fuera un acaecimiento diverso del establecimiento del poder estadounidense, ser1a la causa de ese establecimiento, aunque a su vez estar1a causada por la agresi;n militar yanqui. De ser as1, lo deplorable del establecimiento del poder yanqui redundar en que sea igualmente deplorable la ca1da de Sadn Juse1n. Mas, en rigor, parece artificial el distingo entre los dos acaecimientos. No es uno causa del otro, sino que son un solo y mismo hecho, con las mismas causas, los mismos efectos, las mismas caracter1sticas: esa ca1da de Sadn Juse1n y ese establecimiento de la supremac1a estadounidense se producen a la vez y en la misma medida; el uno es el otro. Ciertamente en el mbito de los posibles podr1a haber otra ca1da de Sadn Juse1n que no fuera un establecimiento del poder estadounidense, y viceversa. O sea, la locuci;n gen)rica `la ca1da de Sadn Juse1n' no designa, en el campo de los estados de cosas posibles, lo mismo que `el establecimiento del poder yanqui en Mesopotamia'. Como gen)ricas, esas locuciones hacen las veces de clases de situaciones posibles. Mas en el mundo de los hechos efectivos, en este mundo, la ca1da de Sadn Juse1n es un acontecimiento singular, concreto, Cnico, que es a la vez el establecimiento del poder yanqui en Bagdad, un acontecimiento igualmente singular, concreto, Cnico; el mismo. Podemos verlo con un ejemplo. La RepCblica de Weimar era el r)gimen pol1tico  XF& alemn de 1919 a 1933. Un r)gimen con muchos defectos.>XF& ~J( ԍPor una vez andaba ms en lo justo Ortega y Gasset que Jim)nez de AsCa cuando el primero se jactaba de admirar menos que el segundo a la RepCblica de Weimar, aunque los motivos de D. Jos) fueran los malos, como seguramente lo eran. Tal debate se produjo con ocasi;n de las controversias que precedieron a la elaboraci;n y aprobaci;n de la constituci;n de la II RepCblica espa9ola, en el verano y el oto9o de 1931. El eminente jurista republicano D. Luis Jim)nez de AsCa, presidente de la comisi;n de las cortes constituyentes encargada de la redacci;n del proyecto constitucional, fue el autor del texto que el+o.-- pueblo espa9ol promulgar1a con modificaciones; la constituci;n de Weimar le sirvi; en parte de modelo, aunque lo que finalmente propuso era mucho ms progresista. D. Jos) Ortega y Gasset deseaba una RepCblica conservadora, donde se sintieran a sus anchas los latifundistas y los ricos y donde se atajara la rebeli;n de las masas.> El r)gimen weimariano hab1aF&o.--  X mantenido el Reich alemn, y esa denominaci;n de `Deutsches Reich' revelaba la preservaci;n de muchas lacras, injusticias y hasta aberraciones de la monarqu1a prusianoimperial de los Hohenzollern: el obsoleto y retardatario federalismo de los viejos principados se9oriales, el poder de las iglesias y el autoritarismo de la jefatura del estado (agazapado al cual pudo Hitler instaurar el nuevo r)gimen nazi). En el campo social los avances de la RepCblica de Weimar fueron entre nulos e irrisorios, con tendencia al deterioro y a la regresi;n en sus Cltimos a9os. Hab1a razones para desear una ca1da de ese r)gimen; una ca1da del mismo que fuera, a la vez, la instauraci;n de otro mejor; no la de otro todav1a peor. Hab1a motivos para desear una ca1da de la RepCblica de Weimar que fuera el establecimiento de un poder genuinamente popular y socialmente avanzado; no para saludar la ca1da que efectivamente tuvo lugar en 1933 con la llegada de Hitler a la canciller1a. Igualmente, aunque hubiera habido ahora razones para desear una ca1da de Sadn Juse1n, y su reemplazamiento por un r)gimen ms justo, con menos propiedad privada, ms igualitarismo, ms protecci;n social, ms sector pCblico y planificado de la econom1a, mayor laicismo, menos concentraci;n del poder en un individuo, ms peso de las masas populares en la toma de decisiones, aunque as1 hubiera sido, eso no ser1a una raz;n para celebrar la ca1da de Sadn Juse1n que efectivamente ha tenido lugar y que no conduce a ms sector pCblico de la econom1a, sino a la destrucci;n del sector pCblico de la econom1a iraqu1; que no conduce a ms igualitarismo, sino al capitalismo ferozmente antiigualitario de cu9o norteamericano; que no conduce a menos propiedad privada, sino a ms propiedad privada; que va a privar totalmente a las masas de tener peso en la toma de decisiones; que va a suprimir la protecci;n social, y que va a impregnar la vida pol1tica del esp1ritu religioso (practicado en cada satrap1a resultante de la desmembraci;n fctica del pa1s segCn el esp1ritu de los nuevos strapas locales,  Xg aplicando la regla del siglo XVI: cuius regio, eius religio).gg ~J ԍOsea: cada sCbdito ha de seguir la religi;n de quien lo rija.g As1 que, en minor1a de a uno, el autor de estas l1neas no encuentra nada que no sea deplorable en el cambio pol1ticomilitar del 9 de abril del 2003. Mas naturalmente expresa tal punto de vista con total respeto por cualesquiera sentimientos ajenos, los comparta o no. Puesto que lo que ha habido ha sido un Cnico acontecimiento de instauraci;n de la dominaci;n estadounidense, la tarea de quienes lo deploren ser luchar contra esa situaci;n. La tarea del pueblo de Mesopotamia es luchar por la libertad y la independencia de Mesopotamia, por la expulsi;n de las hordas invasoras y la recuperaci;n de un r)gimen propio, establecido por los iraqu1es sin imposici;n fornea, y por la marcha hacia la unidad de la naci;n rabe. Los iraqu1es dirn qu) expresi;n dan a esa lucha, qu) objetivos plantean, qu) direcci;n la coordina. Los dems no tenemos pitos que tocar en eso. Nos parecer1a razonable que se luchara por restaurar la legalidad constitucional republicana, por evitar la restauraci;n monrquica, porX xo.--  X preservar la repCblica unitaria y el desmembramiento del pa1s bajo el manto federalista. ~Jy ԍUn anticipo de futuras luchas patri;ticas en ese sentido podr1an constituirlo los acontecimientos del 28 de abril, cumplea9os del presidente Sadn Juse1n, celebrado con desaf1o por muchos irqu1es en Kirkuk y Tikrit, ante las narices de las fuerzas de ocupaci;n, dispuestas a lanzarse contra el pueblo y a reprimir esa insolencia. En una de esas manifestaciones, que tuvo lugar en la ciudad de Falluya, a unos 50 Km al oeste de la capital, los muchachos iraqu1es enarbolaban retratos del Presidente de la RepCblica y banderas de Mesopotamia cuando fueron atacados y acribillados a balazos por la soldadesca estadounidense, que seg; la vida de al menos 13 e hiri; a 40. Mas los patriotas iraqu1es dirn y decidirn, sin necesidad de consultarnos. Los dems pueblos tienen la tarea de ser solidarios con la lucha de los patriotas iraqu1es, respaldando ese combate del pueblo de Mesopotamia por la expulsi;n del ocupante colonialista y desenmascarando la verdadera fisonom1a de esa ocupaci;n colonial. 6b  X +  9." C;mo Queda el Derecho Internacional? )aEl derecho internacional queda maltrecho y hasta en una situaci;n surrealista. Vemoslo con el ejemplo de los debates el en consejo de inseguridad acerca del eventual levantamiento de las injustas y tirnicas sanciones onusianas contra Irak. Los imperialistas franceses, para congraciarse a los yanquis (y que al menos les devuelvan la deuda, ya que no tajada en el reparto del bot1n petrolero) proponen suspender las sanciones; mas los EE.UU quieren todo o nada (o sea, todo: que se levanten totalmente). Lo de menos es el pretexto con el que se hab1an impuesto y mantenido, a saber las armas de destrucci;n masiva en Mesopotamia, cuando no es contrario al derecho internacional tenerlas (las poseen y las han usado los EE.UU). Lo de menos ahora es el acoso, la humillaci;n, la discriminaci;n inicua dadas por la ONU durante 13 a9os al pa1s vencido en 1991 s;lo porque hab1a reclamado lo que en justicia era suyo, una parte hist;ricamente integrante e inseparable del territorio nacional iraqu1 que ha sido reclamada como tal por todos los reg1menes iraqu1es, desde la monarqu1a jachemita en los a9os 30. Lo que ahora nos interesa no es nada de eso, sino qu) est pasando. Si los EE.UU hubieran asumido la calidad de potencia ocupante que confisca para s1 la soberan1a iraqu1 (aunque fuera con pacto de retrocesi;n para un futuro indeterminado, como pas; en Alemania y Jap;n), entonces est claro qui)n asumir1a los derechos y las obligaciones del estado iraqu1: los EE.UU. Si los imperialistas yanquis hubieran, en vez de eso, simplemente nombrado un jefe de estado iraqu1, aunque fuera un estadounidense, independientemente de que tal nombramiento fuera l1cito o il1cito desde el punto de vista del derecho constitucional e incluso desde el punto de vista del derecho internacional, una vez posesionado se subrogar1a en los derechos y las obligaciones del gobernante de Irak, al menos mientras no hubiera un pretendiente a ese t1tulo  X) que pudiera hacer valer sus derechos o someter a desaf1o cre1ble los del gobernante de facto. Son dos hip;tesis diversas: en la una es la potencia dominadora y ocupante, los EE.UU., la que asume y detenta la soberan1a sobre Mesopotamia y se subroga en los derechos y obligaciones de la RepCblica Iraqu1. En la otra hip;tesis ser1a Fulano de Tal (p.ej. el general Jay Garner), nombrado por el gobierno de la potencia ocupante, quien asumir1a esa funci;n, con los derechos y obligaciones inherentes. N;tese que en el primer caso ser imposible probar que el gobierno que ejerce la soberan1a en Mesopotamia carece de armas de destrucci;n masiva, porque significar1a probar que los EE.UU carecen de ellas, o sea los EE.UU asumir1an las obligaciones de desarmarse de_%@o.-- tales armas impuestas por el consejo de inseguridad a Mesopotamia desde 1991. La cosa ser1a ms dudosa en la segunda hip;tesis, la del nombramiento del general Garner como interino jefe del estado iraqu1 o algo parecido; en tal hip;tesis se podr1a argumentar en un sentido y en el contrario para llegar a conclusiones igualmente inveros1miles, porque la situaci;n misma encerrar1a unas dosis considerables de esperpento jur1dico. Si no estamos ante ninguna de esas dos hip;tesis, si la soberan1a sobre Mesopotamia no la ejercen los EE.UU ni la ejerce el general Garner ni la ejerce ningCn gobernante iraqu1, ni siquiera nombrado por Washington, o avalado por Washington, entonces es que ahora mismo ya no existe un estado iraqu1; siendo as1, es imposible someterlo a sanciones; es imposible levantarle las sanciones; es imposible suspenderle las sanciones; es imposible sancionarlo y es imposible perdonarlo. De nuevo nos hallamos ante una novedad (una ms!), una situaci;n rocambolesca y sin precedentes en la historia del derecho internacional. Hasta ahora cualquier conquistador defin1a el estatuto jur1dico del pa1s conquistado: o se adue9aba de )l lisa y llanamente "por derecho de conquista", o impon1a un r)gimen de ocupaci;n militar, o designaba un pr1ncipet1tere, un hombre de paja manejable al antojo del vencedor, o un protectorado (para lo cual hace falta un titular dom)stico de la soberan1a). El consejo de seguridad de la ONU no aborda esa cuesti;n, no exige la definici;n jur1dica de la nueva situaci;n pol1tica y debate en abstracto, en un flotante mundo de quimeras, con lo cual se pasa de la ONU realidad (una realidad desp;tica, avasalladora, injusta, inicua, con la ley del embudo, pero realidad de todos modos) a la ONU ficci;n. 6b  XT (Y  10." Recapitulaci;n: Novedades de este Conflicto )aNo hay nada nuevo bajo el sol? Podemos sintetizar una parte del contenido de las pginas que preceden recalcando las ms salientes novedades de esta guerra y de esta posguerra. 1) Nunca en la historia se hab1a producido un vac1o de poder como el que se ha prolongado en Bagdad y gran parte de la RepCblica de Mesopotamia durante las semanas que han seguido al triunfo militar del agresor.# 2) Por consiguiente, nunca en la historia se hab1a dado una situaci;n similar, duradera y generalizada de anarqu1a.# 3) Nunca en la historia se hab1a producido una frustraci;n del vencedor que vea escabull1rsele de las manos, evaporada, a toda la direcci;n pol1ticomilitar del pa1s conquistado, frustrando su prop;sito de llevarse a los dirigentes derrotados como trofeo de triunfo.# 4) Nunca en la historia se hab1a librado una guerra de conquista en la que el mando militar del bando agresor permanezca alejad1simo del pa1s invadido, y se limite a "desde una enorme distancia" transmitir ;rdenes no basadas en la experiencia del terreno.# 5) Nunca en la historia ha actuado un conquistador con tanta confusi;n, con tanto desconcierto, con tanta indeterminaci;n, sin precisar siquiera los t1tulos, las prerrogativas o las funciones de aquel o aquellos a quienes est invistiendo de autoridad gubernativa.# 6) Nunca en la historia hab1a el conquistador de un pa1s dejado tan sin definir, ni siquiera provisionalmente, el estatuto jur1dico del pa1s conquistado.#)o.--ԌEs invencible el imperialismo norteamericano? De esas seis novedades se pueden extraer algunas conclusiones al respecto: no s;lo vence sin poder convencer, sino que su propia victoria es un fruto envenenado. Sus victorias son como las de Atila o Gengis Kan. Cosas veredes amigo Sancho! `#^Madrid, 2003-04-30 6b  XN =b BAGDAD  X apgina de ESPA8A ROJA para defender al pueblo de Mesopotamia contra la agresi;n del 7imperialismo yanqui  1 5)  http://eroj.org/Bagdad 6b  e - Ú