¿Hubiera podido ser peor?

por Lorenzo Peña


Madrid, 2000-03-12

Cualesquiera que hubieran sido los resultados electorales, habríamos seguido diciendo que el Pacto entre IU y el PSOE constituía, por parte de los dirigentes de la coalición de izquierdas, un viraje inaceptable, en virtud del cual tal coalición se ha puesto a remolque de una de las principales fuerzas de la oligarquía financiera y terrateniente en el poder, de una fuerza que, en su cuatuordecenio de gobierno (1982-96), impuso: la reconversión industrial; la entrada de España en el Mercado común europeo; el distanciamiento respecto de nuestra hermana América Latina; el afianzamiento de nuestra incorporación a la NATO; el GAL; la ley antiterrorista; la xenofóbica ley de extranjería de 1985; el gobernar sistemáticamente a base de Decreto-Ley; la ley de seguridad ciudadana, o Ley Corcuera; el Código Penal de 1995 que criminalizó, entre otras cosas, la ocupación de locales vacíos; FILESA y la financiación delictiva del partido gubernamental (en connivencia con la banca y a su servicio); la construcción de autopistas que han destrozado España y han acarreado una espantosa tragedia medioambiental; el cierre de líneas férreas, como la Ruta de la Plata, el ferrocarril a Soria etc; el deterioro de los servicios públicos y la exaltación de lo privado; la conculcación de los derechos sociales nominalmente reconocidos en la propia constitución monárquica; la desmadrada corrupción; las privatizaciones; el desmantelamiento del ya de suyo precario y hasta enclenque sistema español de protección social; las reformas laborales o de `flexibilización del mercado laboral'; el incremento de los festejos crueles y la campaña gubernamental pro-taurina; la endogamia universitaria; y, por añadidura, en el último período, transferencias indebidas a las comunidades autónomas, en beneficio de las más ricas del Norte, Centro y Este del país y en desmedro de los principios de equidad, solidaridad y hermandad entre los españoles, pero pagando así el precio del apoyo parlamentario de las altas burguesías de orientación secesionista (los ricachos líderes de nuestras Padanias).

Hemos sostenido que la caracterización de un partido político ha de hacerse por la política que sigue y la que preconiza, no por su denominación ni el significado de sus siglas ni las intenciones originarias de sus fundadores. Desde que el PSOE fue colonizado por un cúmulo de ex-jefes de escuadra de las Falanges Juveniles de Franco (los Glz Márquez, Barrionuevo, Roldán, etc), pasó de ser una fuerza burguesa conservadora a ser una fuerza oligárquica inclinada, en muchas cosas, a la extrema derecha, y desde luego monárquica a rabiar.

El carácter social de un partido no puede ser una naturaleza oculta, un algo inescrutable, inverificable, que requeriría, para ser sacado a la luz, el don de adivinación de un zahorí o de un oráculo. La esencia no puede estar total y absolutamente divorciada de la apariencia.

Tampoco nos hemos creído la tesis de personas animadas de la mejor intención y de sinceros sentimientos progresistas, pero de las que lamentamos discrepar, a saber que el PSOE representaría a la pequeña burguesía. Puede haber sido así en 1910 o 1920, tal vez en alguna medida hasta los años 50 aproximadamente; mas ya no era el caso del nuevo PSOE, con una dirección en buena parte ex-falangista. Y los hechos están ahí: la pequeña burguesía fue implacable y sañudamente expoliada y diezmada en el cuatuordecenio 1982-96; y, si bien, en ese período y en el cuatrienio más reciente, se ha creado una nueva pequeña burguesía dependiente (en buena medida asalariados que se han quedado sin empleo y se han colocado como autónomos), se trata de un sector social que no es la clásica pequeña burguesía, sino que se divide en dos niveles: el más alto está constituido por agentes y beneficiarios de la oligarquía; el de abajo, lo está por personas en situación de salariaje camuflado. En cualquier caso, no conozco fundamento racional alguno para sostener que el PSOE represente a ninguno de tales sectores sociales.

Por lo que respecta a las fuerzas inicialmente populares, ya constituyó una traición a la causa republicana y antifascista la actitud de D. Santiago Carrillo Solares en la transición. Durante un tiempo, en los años de 1983 a 1996 aproximadamente, pareció esbozarse por momentos una tímida recuperación parcial del partido comunista de España, un atisbo, sumamente inconsecuente, de vuelta a su posición en defensa del pueblo español.

Mas aun en los mejores momentos ello fue sólo a medias o menos que a medias, lleno de incongruencias, sin romper nunca con la monarquía, o sea el poder de la oligarquía financiera y terrateniente. A pesar de las inconsecuencias, valía la pena esforzarse por empujar, en la débil medida de las fuerzas de cada uno, a que se consolidara ese tibio proceso de rectificación.

Desde 1996, larvadamente, se empezó a abandonar ese proceso. Y así no es de extrañar que se haya tronchado la recuperación electoral de IU, que alcanzó su máximo justamente cuando la coalición, bajo el liderazgo titubeante de Anguita, estaba en sus mejores posiciones.

A las pruebas me remito: el viraje a la derecha le valió a IU el descalabro de las elecciones municipales y regionales de junio de 1999. Lo advertimos entonces: cuanto más a la derecha, peores resultados. No se nos hizo caso. Lo volvimos a advertir recientemente: cuanto más pactar con el PSOE, cuanto más convertirse en un apéndice de fuerzas representativas de la oligarquía en el poder, más darán la espalda los electores. No se nos hizo caso.

Se vendió a las bases el pacto con el PSOE diciendo que era el modo de que la gente no se quedara en casa el 12 de marzo.

Si se han quedado en casa es otro asunto. Mas los resultados para IU son peores de cuanto se hubiera imaginado. El elector de IU ha rechazado el pacto con el PSOE.

En su magnífica novela Las llaves de San Pedro, el escritor francés Roger Peyrefitte narra una conversación entre dos eclesiásticos en Roma. ¿Cómo [se pregunta el uno] contestar a la objeción de la gente de que los rezos no sirven de nada porque, a pesar de ellos, han sucedido y siguen sucediendo tantos terremotos, tantas calamidades, tantos muertos? -- Les responderéis [replica el otro] que, sin tales plegarias, hubieran ocurrido más desgracias y más mortíferas.

Sin duda, ante la catástrofe electoral, ante la deserción masiva que ha sufrido IU, los líderes empeñados en ir a remolque de las fuerzas monárquicas, en justificar el pacto con el PSOE frente a todas las evidencias, sostendrán que sin el pacto los resultados hubieran sido peores todavía. ¡Cómo le viene a uno a la mente la vívida conversación de la novela de Peyrefitte!

¿Qué hacer?

Lorenzo Peña.
Madrid, 2000-03-12



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