WPC|j 2BBPZCourier 10cpi3|x=Gx6X@8+X@ASCII Text PrinterASTEXPRI.PRSx  @}fX@CourierCourier BoldCourier ObliqueTimes RomanTimes Roman BoldTimes Roman ItalicHelveticaHelvetica ObliqueHelvetica Bold"m^*2GSSl*22:X*2**SSSSSSSSSS22XXX\lllld\ul*Sl\}luduld\lddd\2*2XS*S\S\S2\\**S*\\\\:S2\SuSSK:*:X2*222222222222\*lSlSlSlSlSlSdSdSdSdS********l\u\u\u\u\l\l\l\l\dSlSl\u\u\dSlSlSlSlSlSlSlSl\dSdSdSdSu\u\u\u\u\u\l\l\********SlS\*\*\*\*\*l\l\l\l\u\u\l:l:l:dSdSdSdS\2\2\2l\l\l\l\l\l\udS\K\K\Kl\\*l\l:dS\2dSdSl\u\l\K5*SS2\SSSSS87SooS$KKS22SS\\*Kh 2tv Z Ӑ3|xLaurentius_PostScript_(HP_LJ_III.PS)LAURENTI.PRSx  @hhhhd+ rX@20 h|mVm hh  hh  3'3'Standard6&6&StandardII.PS)LAURENTI.PRSx  hhhh USES .,,. #x6X@8+ X@#o)cr.Swfte simple interl.DINA4 sans NpagedESES .,,. 6&&ein wittgensteiniana wittgensteiniano6&EstndarBRUDGLYP.PRSXpi6&finitif@p@@FF MMx6&EstndarBRUDGLYP.PRSXh4,;  #XpiP;rEXP#    "^2CRddCCCdq2C28dddddddddd88qqqYzoCNzoozzC8C^dCYdYdYCdd88d8ddddCN8ddddY`(`lC2CC!CCCCCCCCCCd8YYYYYYzYzYzYzYC8C8C8C8ddddddddddYddddYYYYYYYdzYzYzYzYddddddddC8C8C8C8Ndz8z8z8z8z8ddddddCCCoNoNoNoNz8z8z8dddddddzYzYzYdz8dCoNz8ddddd"^6HXllHHHlz6H6e]]eVNee/6eV|eeNe]NVeeeeV/'/BF/>F>F>/FF''F'mFFFF/6'FFeFF>CCL/#////////////F'e>e>e>e>e>|]]>V>V>V>V>/'/'/'/'eFeFeFeFeFeFeFeFeFeFe>eFeFeFeFe>e>e>]>]>]>]>eFV>V>V>V>eFeFeFeFeFeFeFeF/'/'/'/'6eFV'V'V'V'V'eFeFeFeFeFeF|e]/]/]/N6N6N6N6V'V'V'eFeFeFeFeFeFeeFV>V>V>eFV'eF]/N6V'eFeFeFeFeFCourierCourier BoldCourier ObliqueTimes RomanTimes Roman BoldTimes Roman ItalicHelveticaHelvetica Oblique"m^2CTddCCCd2C28ddddddddddCCdzzzzCYozzdozzooN8NTdCddYdY8dd88Y8ddddNN8dYYYNP7PlC2CC!CCCCCCCCCCd8zdzdzdzdzdYzYzYzYzYC8C8C8C8dddddddddoYzddddoYzdzdzdYYYYdzYzYzYzYddddddddC8C8C8C8YYo8o8o8o8o8ddddddzNzNzNdNdNdNdNo8o8o8ddddddoYoNoNoNdo8dzNdNo8oYoYdddKF2idNdddddd7>dd+oodCCddddCo2   mZ"m^**5SSd!22:X*2**SSSSSSSSSS**XXXSddlld\ul*KdS}luduld\lddd\***FS!SSKSS*SS!!K!}SSSS2K*SKlKKK2'2X2*222222222222\*dSdSdSdSdSlKdSdSdSdS********lSuSuSuSuSlSlSlSlSdKdSlSu\uSdKdSdSdSlKlKlKlKlSdSdSdSdSuSuSuSuSuSuSlSlS*****!**KdKS!S!S!S!S!lSlSlSlSuSuSl2l2l2dKdKdKdK\*\*\*lSlSlSlSlSlSldK\K\K\KlSS!lSl2dK\*dKdKlSuSlSK5*QS2\SSSSS87SooS22S22SSKK!2"m^6HxllٴHHHl|6H6LL~v333LV&3&*LLLLLLLLLL**VVVCneen]Tnn3;n]nnTneT]nnnn]3*3GL3CLCLC3LL**L*vLLLL3;*LLnLLCIIR3&333333333333L*nCnCnCnCnCeeC]C]C]C]C3*3*3*3*nLnLnLnLnLnLnLnLnLnLnCnLnLnLnLnCnCnCeCeCeCeCnL]C]C]C]CnLnLnLnLnLnLnLnL3*3*3*3*;nL]*]*]*]*]*nLnLnLnLnLnLne3e3e3T;T;T;T;]*]*]*nLnLnLnLnLnLnnL]C]C]CnL]*nLe3T;]*nLnLnLnLnL"m^6H[llHHHl6H6*o. - -ԌXkk c) en cuanto a los productores individuales peque9os y medios, unirlos paulatinamente en cooperativas de producci;n, es decir, en grandes haciendas agr1colas, en koljoses;#k Xkk d) desarrollar por todos los medios la industria y dar a los koljoses la base t)cnica moderna de la gran producci;n, con la particularidad de que no deben ser expropiados, sino, por el contrario, dotados intensamente de tractores y otras mquinas de primera calidad;#k Xkk e) para la alianza econ;mica de la ciudad y el campo, de la industria y la agricultura, se debe mantener por cierto tiempo la producci;n mercantil (el intercambio mediante  \ la compraventa), como la Cnica forma aceptable para los campesinos de vinculaci;n econ;mica a la ciudad, y desarrollar con toda amplitud el comercio sovi)tico de Estado y cooperativokoljosiano, desalojando del trfico mercantil a todos los capitalistas sin excepci;n.#k kkLa historia de la construcci;n socialista en nuestro pa1s demuestra que ese camino de desarrollo, trazado por Lenin, se ha justificado plenamente. kkNo cabe duda de que para todos los pa1ses capitalistas, en los que hay una clase ms o menos numerosa de productores peque9os y medios, ese camino de desarrollo es el Cnico posible, el Cnico que asegura la victoria del socialismo. kkSe dice que la producci;n mercantil deber en todas las condiciones conducir, y que conducir inevitablemente, al capitalismo. Eso no es cierto. Eso no ocurre siempre ni en todas las condiciones. No se puede identificar la producci;n mercantil con la producci;n capitalista. Son dos cosas distintas. La producci;n capitalista es la forma superior de la producci;n mercantil. La producci;n mercantil Cnicamente conduce al  \ capitalismo si existe la propiedad privada sobre los medios de producci;n, si la fuerza de trabajo aparece en el mercado como una mercanc1a que el capitalista puede comprar  \ y explotar en el proceso de la producci;n, si, por consiguiente, rige en el pa1s el sistema de la explotaci;n de los obreros asalariados por los capitalistas. La producci;n capitalista comienza all1 donde los medios de producci;n estn concentrados en manos privadas, y los obreros que no poseen medios de producci;n, se ven constre9idos a vender su fuerza de trabajo como una mercanc1a. Sin eso no hay producci;n capitalista. kkPues bien, si no existen esas condiciones que convierten la producci;n mercantil en producci;n capitalista, si los medios de producci;n no son ya propiedad privada, sino propiedad socialista, si el sistema del trabajo asalariado ya no rige y la fuerza de trabajo ha dejado de ser una mercanc1a, si hace ya tiempo que ha sido liquidado el sistema de explotaci;n, a qu) atenerse?, se puede considerar que la producci;n mercantil conducir, a pesar de todo, al capitalismo? No, no se puede. Y nuestra sociedad es precisamente una sociedad donde hace ya mucho que no existen la propiedad privada sobre los medios de producci;n, el sistema del trabajo asalariado, el sistema de la explotaci;n. kkNo puede considerarse la producci;n mercantil como algo que se baste a s1 mismo, como algo independiente de las condiciones econ;micas circundantes. La producci;n mercantil es ms vieja que la producci;n capitalista. Existi; en el r)gimenJ+o. - - esclavista y sirvi; a ese r)gimen, y, sin embargo, no condujo al capitalismo. Existi; en el feudalismo y sirvi; a ese r)gimen, y, a pesar de que prepar; ciertas condiciones para la producci;n capitalista, no condujo al capitalismo. Yo pregunto: por qu) no puede tambi)n la producci;n mercantil servir por cierto per1odo a nuestra sociedad socialista sin conducir al capitalismo, si se tiene en cuenta que la producci;n mercantil no est ilimitadamente difundida en el pa1s y no lo abarca todo, como en el capitalismo, si se tiene en cuenta que en nuestro pa1s ha sido rigurosamente circunscrita gracias a condiciones econ;micas tan decisivas como la propiedad social sobre los medios de producci;n, la liquidaci;n del sistema del trabajo asalariado, la liquidaci;n del sistema de la explotaci;n? kkSe dice que, una vez establecido en nuestro pa1s el dominio de la propiedad social sobre los medios de producci;n, que, una vez liquidado el sistema del trabajo asalariado y de la explotaci;n, la existencia de la producci;n mercantil ha perdido su sentido y que, por ello, dicha producci;n deber1a ser suprimida. kkEso tampoco es cierto. Actualmente tenemos en nuestro pa1s dos formas fundamentales de la producci;n socialista: la estatal, de todo el pueblo, y la koljosiana, a la que no se puede dar ese calificativo. En las empresas del Estado, los medios de producci;n y los productos son propiedad de todo el pueblo. En las empresas koljosianas, aunque los medios de producci;n (la tierra y las mquinas) pertenecen al Estado, los productos son propiedad de los distintos koljoses, pues all1 la fuerza de trabajo, lo mismo, que las semillas, es de los koljoses, y )stos disponen de la tierra, que les ha sido cedida en usufructo perpetuo, como si fuera propiedad suya, a pesar de qu) no pueden venderla ni comprarla, ni arrendarla, ni hipotecar1a. kkEsta circunstancia hace que el Estado Cnicamente pueda disponer de los productos de sus empresas, pues los koljoses disponen ellos mismos de su producci;n, como propiedad suya. Pero los koljoses no quieren enajenar sus productos como no sea bajo la forma de mercanc1as, a cambio de las cuales quieren recibir otras mercanc1as que necesitan. En el presente, los koljoses no aceptan ms v1nculos econ;micos con la ciudad que los v1nculos mercantiles, que el intercambio mediante la compraventa. Por eso la producci;n mercantil y el trfico de mercanc1as son hoy en nuestro pa1s una necesidad, como lo era, por ejemplo, hace unos treinta a9os, cuando Lenin proclam; que era necesario desarrollar por todos los medios el trfico de mercanc1as. kkNaturalmente, cuando en lugar de los dos sectores principales de la producci;n, el estatal y el koljosiano, surja un solo sector que lo abarque todo y tenga derecho a disponer de toda la producci;n del pa1s destinada al consumo, la circulaci;n de mercanc1as, con su econom1a monetaria , desaparecer, como un elemento innecesario, de la econom1a nacional. Pero mientras no se haya llegado a eso, mientras existan los dos sectores principales de la producci;n, la producci;n mercantil y la circulaci;n de mercanc1as debern continuar en vigor, como un elemento necesario y muy Ctil de nuestro sistema de econom1a nacional. De qu) modo se llegar a la creaci;n de un sector Cnico y unificado, si ser mediante la simple absorci;n del sector koljosiano por el sector estatal, cosa poco probable (porque ser1a interpretado como la expropiaci;n de los koljoses), o mediante la instituci;n de un organismo econ;mico nacional Cnico (con representantes de la industria del Estado y de los koljoses), que tenga al principio el+ o. - - derecho de llevar la cuenta de toda la producci;n del pa1s destinada al consumo y, posteriormente, tambi)n el de distribuir la producci;n, por ejemplo, mediante el intercambio de productos, es una cuesti;n especial que exige ser analizada aparte.  \d kkPor consiguiente, nuestra producci;n mercantil no es una producci;n mercantil habitual, sino una producci;n mercantil de tipo especial, una producci;n mercantil sin capitalistas, que en lo fundamental tiene que v)rselas con las mercanc1as de productores socialistas unificados (el Estado, los koljoses y las cooperativas), una producci;n cuya esfera de acci;n est circunscrita a los objetos de consumo personal y que "es evidente" no puede de ningCn modo transformarse en producci;n capitalista y est llamada a contribuir, con su econom1a monetaria , al desarrollo y al fortalecimiento de la producci;n socialista. kkPor ello no tienen ninguna raz;n los camaradas que afirman que, si la sociedad socialista no suprime las formas mercantiles de la producci;n, deben ser restablecidas en nuestro pa1s todas las categor1as econ;micas propias del capitalismo: la fuerza de trabajo como mercanc1a, la plusval1a, el capital, el beneficio del capital, la norma media de beneficio, etc., etc. Esos camaradas confunden la producci;n mercantil con la producci;n capitalista y suponen que, si existe la producci;n mercantil, debe existir tambi)n la producci;n capitalista. No comprenden que nuestra producci;n mercantil se distingue radicalmente de la producci;n mercantil en el capitalismo. kkMs aCn: yo pienso que es necesario rechazar algunos otros conceptos tornados de El Capital  "obra en la que Marx analizaba el capitalismo" y que han sido tra1dos por los pelos para aplicarlos a nuestras relaciones socialistas. Me refiero, entre otros, a los conceptos trabajo indispensable  y suplementario , producto indispensable  y suplementario , tiempo indispensable  y suplementario . Marx analiz; el capitalismo para esclarecer la fuente de la explotaci;n de la clase obrera, la plusval1a, y dar a la clase obrera, privada de medios de producci;n, un arma espiritual para derrocar el capitalismo. Se comprende que, al hacer ese anlisis, Marx operara con conceptos (categor1as) en plena correspondencia con las relaciones capitalistas. Pero resulta algo ms que extra9o operar con esos conceptos ahora que la clase obrera, lejos de estar privada del Poder y de los medios de producci;n, es, por el contrario, due9a del Poder y de los medios de producci;n. Hoy, en nuestro r)gimen, resultan bastante absurdas las palabras acerca de la fuerza de trabajo como mercanc1a y de la contrata  de obreros. Parece como si la clase obrera, due9a de los medios de producci;n, se contratara a s1 misma y se vendiera a s1 misma su fuerza de trabajo. Igualmente extra9o resulta hablar hoy de trabajo indispensable  y suplementario . Parece como si en nuestras condiciones el trabajo entregado por los obreros a la sociedad para ampliar la producci;n, para fomentar la instrucci;n pCblica y la sanidad, para organizar la defensa, etc., no fuese tan indispensable a la clase obrera, que est hoy en el Poder, como el trabajo gastado en cubrir las necesidades personales del obrero y de su familia. kkConviene se9alar que Marx, en su obra Cr1tica del programa de Gotha  "obra en la que ya no analiza el capitalismo, sino, entre otras cosas, la primera fase de la sociedad comunista", reconoce el trabajo entregado a la sociedad para ampliar la producci;n, para la instrucci;n pCblica, para la sanidad, para los gastos de administra* o. - -Ԯci;n, para crear reservas, etc., tan indispensable como el trabajo gastado en cubrir las necesidades de consumo de la clase obrera. kkPienso que nuestros economistas deben poner fin a ese desacuerdo entre los viejos conceptos y el nuevo estado de cosas que existe en nuestro pa1s socialista, sustituyendo los viejos conceptos por conceptos nuevos, de acuerdo con el nuevo estado de cosas. kkEse desacuerdo se ha podido tolerar hasta cierto momento, pero ha llegado la hora en que, por fin, debemos liquidarlo.  b  \   3. La ley del valor en el socialismo * kkA veces se pregunta si la ley del valor existe y actCa en nuestro pa1s, en nuestro r)gimen socialista. kkS1, existe y actCa. All1 donde hay mercanc1as y producci;n mercantil no puede por menos de existir la ley del valor. kkEn nuestro pa1s la ley del valor extiende su acci;n, ante todo, a la circulaci;n de mercanc1as, al intercambio de mercanc1as mediante la compraventa, al intercambio, principalmente, de las mercanc1as de consumo personal. Aqu1, en esta esfera, la ley del valor sigue desempe9ando, naturalmente en ciertos l1mites, el papel de regulador. kkPero la acci;n de la ley del valor no queda limitada a la esfera de la circulaci;n de mercanc1as. Se extiende tambi)n a la producci;n. Cierto es que en nuestra producci;n socialista la ley del valor no desempe9a un papel regulador, pero, con todo y con eso, actCa sobre la producci;n, cosa que debe ser tenida en cuenta al dirigir )sta. La realidad es que los productos destinados al consumo, necesarios para cubrir los gastos de fuerza de trabajo en el proceso de la producci;n, se producen y se realizan en nuestro pa1s como mercanc1as sometidas a la acci;n de la ley del valor. Aqu1, precisamente, se pone de manifiesto la acci;n de la ley del valor sobre la producci;n. Por este motivo tienen hoy importancia para nuestras empresas cuestiones como el clculo econ;mico y la rentabilidad, el costo de producci;n, los precios, etc. Por eso nuestras empresas no pueden ni deben despreciar la ley del valor. kkEs eso bueno? No es malo. En las condiciones actuales de nuestro pa1s, no es malo, ni mucho menos, pues esa circunstancia ense9a a los camaradas que trabajan en el dominio de la econom1a a dirigir de un modo racional la producci;n y los disciplina. No es malo porque ense9a a los dirigentes de nuestra econom1a a calcular las magnitudes de la producci;n, a calcular1as exactamente y a tener en cuenta con la misma exactitud las cosas reales en la producci;n, en vez de hablar y hablar de datos aproximados , puro producto de la imaginaci;n. No es malo porque ense9a a los dirigentes de nuestra econom1a a buscar, encontrar y aprovechar las reservas ocultas en las entra9as de la producci;n y a no pasar por encima de ellas sin advertir1as. No es malo porque ense9a a los dirigentes de nuestra econom1a a mejorar sistemticamente los m)todos de producci;n, a reducir el costo de )sta, a aplicar el principio del clculo econ;mico y a esforzarse por conseguir que las empresas sean rentables. Esta es una buena escuela prctica, que acelera el desarrollo de los cuadros que trabajan en nuestra econom1a y6+ o. - - su conversi;n en verdaderos dirigentes de la producci;n socialista en la actual etapa de desarrollo. kkLa desgracia no estriba en que la ley del valor actCa en nuestro pa1s sobre la producci;n. La desgracia consiste en que los dirigentes de nuestra econom1a y los encargados de planificarla conocen mal, salvo raras excepciones, la acci;n de la ley del valor, no estudian esa acci;n y no saben tenerla en cuenta al hacer sus clculos. A ello, precisamente, se debe la confusi;n que aCn reina en cuanto a la pol1tica de precios. Dar) un ejemplo entre muchos. Hace algCn tiempo se resolvi; regular, en inter)s del cultivo del algod;n, la correlaci;n de precios entre el algod;n y los cereales, precisar los precios de los cereales que se venden a los cultivadores de algod;n y elevar los precios del algod;n que se entrega al Estado. En relaci;n con ello, algunos dirigentes de nuestra econom1a y los camaradas que la planifican hicieron una propuesta que no pudo por menos de asombrar a los miembros del C.C, ya que en la propuesta el precio de una tonelada de trigo casi equival1a al de una tonelada de algod;n, con la particularidad de que el precio de la tonelada de cereal se igualaba al precio de una tonelada de pan. Cuando los miembros del C.C. observaron que el precio de una tonelada de pan deb1a ser ms alto que el de una tonelada de cereal, debido a los gastos complementarios de molienda y cochura y que el algod;n, en general, era mucho ms caro que el trigo, como lo atestiguan tambi)n los precios del algod;n y del trigo en el mercado mundial, los autores de la propuesta no pudieron decir nada inteligible. En vista de ello, el C.C. tuvo que tomar el asunto en sus manos, reducir el precio del trigo y elevar el del algod;n. Qu) habr1a ocurrido si la propuesta de esos camaradas hubiese entrado en vigor? Habr1amos arruinado a los cultivadores de algod;n y nos hubi)semos quedado sin este producto. kkPero, quiere decir todo esto que la acci;n de la ley del valor tiene en nuestro pa1s v1a libre, como bajo el capitalismo, que la ley del valor es en nuestro pa1s un regulador de la producci;n? No, no quiere decir eso. En realidad, la esfera de acci;n de la ley del valor est en nuestro r)gimen econ;mico r1gidamente circunscrita y limitada. Ya he dicho que la esfera de acci;n de la producci;n mercantil est en nuestro r)gimen circunscrita y limitada. Lo mismo hay que decir de la esfera de acci;n de la ley del valor. Es indudable que la ausencia de la propiedad privada sobre los medios de producci;n y que la socializaci;n de estos medios tanto en la ciudad como en el campo no pueden por menos de limitar la esfera de acci;n de la ley del valor y su influencia en la producci;n. kkEn el mismo sentido actCa la ley del desarrollo arm;nico (proporcional) de la econom1a del pa1s, que ha sustituido a la ley de la concurrencia y de la anarqu1a de la producci;n. kkEn el mismo sentido actCan nuestros planes anuales y quinquenales, y, en general, toda nuestra pol1tica econ;mica, que se basan en las exigencias de la ley del desarrollo arm;nico de la econom1a del pa1s. kkTodo ello, sumado, hace que la esfera de acci;n de la ley del valor est) en nuestro pa1s rigurosamente limitada y que en nuestro r)gimen la ley del valor no pueda desempe9ar el papel de regulador de la producci;n.R+ o. - -ԌkkEllo, precisamente, explica el hecho asombroso  de que, a pesar del desarrollo ininterrumpido e impetuoso de nuestra producci;n socialista, la ley del valor no conduzca en nuestro pa1s a crisis de superproducci;n, mientras esa misma ley del valor, que en el capitalismo tiene amplio campo de acci;n, conduce en los pa1ses capitalistas, a pesar del bajo ritmo del incremento de la producci;n en esos pa1ses, a crisis peri;dicas de superproducci;n. kkSe dice que la ley del valor es una ley constante, obligatoria para todos los per1odos del desarrollo hist;rico, y que, si pierde su fuerza como regulador de las relaciones de cambio en el per1odo de la segunda fase de la sociedad comunista, conservar en esa fase de desarrollo su fuerza como regulador de las relaciones entre las distintas ramas de la producci;n, como regulador de la distribuci;n del trabajo entre las ramas de la producci;n. kkEso es completamente equivocado. El valor, lo mismo que la ley del valor, es una categor1a hist;rica vinculada a la existencia de la producci;n mercantil. Cuando la producci;n mercantil desaparezca, desaparecern tambi)n el valor, en todas sus formas, y la ley del valor. kkEn la segunda fase de la sociedad comunista, la cantidad de trabajo invertido en la producci;n de productos no se medir indirectamente, a trav)s del valor y de sus formas, como ocurre en la producci;n mercantil, sino de manera directa e inmediata, por la cantidad de tiempo, por la cantidad de horas invertidas en la producci;n de los productos. En cuanto a la distribuci;n del trabajo entre las ramas de la producci;n, no ser regulada por la ley del valor, que entonces habr perdido ya su fuerza, sino por el incremento de las necesidades de la sociedad en productos. Ser esta una sociedad en la que las necesidades de la misma regularn la producci;n y el clculo de esas necesidades adquirir una importancia primordial para los organismos encargados de la planificaci;n. kkEs tambi)n completamente err;nea la afirmaci;n de que en nuestro sistema econ;mico actual, en la primera fase de desarrollo de la sociedad comunista, la ley del valor regula las proporciones  de la distribuci;n del trabajo entre las distintas ramas de la producci;n. kkSi ello fuera as1, no se comprenderla por qu) en nuestro pa1s no se desarrolla al mximo la industria ligera, la ms rentable, dndole preferencia frente a la industria pesada, que con frecuencia es menos rentable y a veces no lo es en absoluto. kkSi ello fuera as1, no se comprender1a por qu) en nuestro pa1s no se cierran las empresas de la industria pesada que por el momento no son rentables y en las que el trabajo de los obreros no da el resultado debido  y no se abren nuevas empresas de la industria ligera, indiscutiblemente rentable, en las que el trabajo de los obreros podr1a dar mayor resultado . kkSi eso fuera as1, no se comprender1a por qu) en nuestro pa1s no se pasa a los obreros de las empresas poco rentables, aunque muy necesarias para la econom1a nacional, a empresas ms rentables, como deber1a hacerse de acuerdo con la ley del valor, a la que se atribuye el papel de regulador de las proporciones  de la distribuci;n del trabajo entre las ramas de la producci;n.D+ o. - -ԌkkEs evidente que, de hacer caso a esos camaradas, tendr1amos que renunciar a la primac1a de la producci;n de medios de producci;n en favor de la producci;n de medios de consumo. Y qu) significa renunciar a la primac1a de la producci;n de medios de producci;n? Significa suprimir la posibilidad de desarrollar ininterrumpidamente nuestra econom1a nacional, pues es imposible desarrollarla ininterrumpidamente si no se da preferencia a la producci;n de medios de producci;n. kkEsos camaradas olvidan que la ley del valor s;lo puede regular la producci;n bajo el capitalismo, cuando existen la propiedad privada sobre los medios de producci;n, la concurrencia, la anarqu1a de la producci;n y las crisis de superproducci;n. Olvidan que la esfera de acci;n 'de la ley del valor est limitada en nuestro pa1s por la existencia de la propiedad social sobre los medios de producci;n, por la acci;n de la ley del desarrollo arm;nico de la econom1a y, por consiguiente, tambi)n por nuestros planes anuales y quinquenales, que son un reflejo aproximado de las exigencias de esta Cltima ley. kkAlgunos camaradas deducen de aqu1 que la ley del desarrollo arm;nico de la econom1a del pa1s y la planificaci;n de la misma destruyen el principio de la rentabilidad de la producci;n. Eso es completamente err;neo. En realidad, ocurre todo lo contrario. Si consideramos la rentabilidad, no desde el punto de vista de esta o aquella empresa o rama de la producci;n, y no en el transcurso de un a9o, sino desde el punto de vista de toda la econom1a nacional y en un per1odo, por ejemplo, de diez a quince a9os ")sta ser1a la Cnica forma acertada de enfocar el problema", ver1amos que la rentabilidad temporal e inconsistente de esta o aquella empresa o rama de la producci;n no puede en absoluto compararse con la forma superior de rentabilidad, s;lida y constante, que nos dan la acci;n de la ley del desarrollo arm;nico de la econom1a nacional y la planificaci;n de la misma, librndonos de las crisis econ;micas peri;dicas, que destruyen la econom1a nacional y causan a la sociedad tremendos da9os materiales, y asegurndonos el desarrollo ininterrumpido de la econom1a nacional y el elevado ritmo de este desarrollo. kkEn pocas palabras: no cabe duda de que en las condiciones socialistas de la producci;n que existen actualmente en nuestro pa1s la ley del valor no puede regular las proporciones  de la distribuci;n del trabajo entre las distintas ramas de la producci;n.  b  \  4. La supresi;n de la oposici;n entre la ciudad y el campo, entre el trabajo  \!  intelectual y el trabajo manual y la liquidaci;n de las diferencias entre ellos * kkEste encabezamiento se refiere a varios problemas que se distinguen unos de otros esencialmente; sin embargo, yo los uno en un mismo cap1tulo, pero no para confundirlos, sino Cnicamente para ser ms breve. kkEl problema de la supresi;n de la oposici;n entre la ciudad y el campo, entre la industria y la agricultura, es un problema conocido, planteado hace mucho por Marx y por Engels. La base econ;mica de esta oposici;n es la explotaci;n del campo por la ciudad, la expropiaci;n de los campesinos y la ruina de la mayor parte de la poblaci;n rural por todo el proceso de desarrollo de la industria, el comercio y el sistema de cr)ditos en el capitalismo. Por eso la oposici;n entre la ciudad y el campo en elD+o. - - capitalismo debe ser considerada como una oposici;n de intereses. Sobre esta base naci; la actitud hostil del campo hacia la ciudad y, en general, hacia la gente de la ciudad . kkEs indudable que con la destrucci;n del capitalismo y del sistema de explotaci;n, con el fortalecimiento del r)gimen socialista, en nuestro pa1s deb1a desaparecer tambi)n la oposici;n de intereses entre la ciudad y el campo, entre la industria y la agricultura. As1 ha ocurrido, precisamente. La enorme ayuda prestada a nuestros campesinos por la ciudad socialista y por nuestra clase obrera para liquidar a los terratenientes y a los kulaks fortaleci; la base de la alianza de la clase obrera y los campesinos, y el abastecimiento sistemtico de los campesinos y de sus koljoses con tractores y otras mquinas de primera calidad ha convertido en amistad la alianza de la clase obrera y de los campesinos. Naturalmente, los obreros y los campesinos koljosianos constituyen dos clases que se distinguen por su situaci;n. Pero esta diferencia no debilita en medida alguna su amistad. Por el contrario, estn interesados en un mismo fin: el fortalecimiento del r)gimen socialista y la victoria del comunismo. Por ello no tiene nada de extra9o que no quede ni rastro de la vieja desconfianza y, menos aCn, del odio del campo hacia la ciudad. kkTodo eso significa que la base de la oposici;n entre la ciudad y el campo, entre la industria y la agricultura, ha sido ya liquidada por nuestro actual r)gimen socialista. kkEso no significa, naturalmente, que la supresi;n de la oposici;n entre la ciudad y el campo deba conducir al fenecimiento de las grandes ciudades (v)ase el AntiDGhring  de Engels). En vez de fenecer las grandes ciudades, aparecern nuevas grandes ciudades, como centros del florecimiento superior de la cultura, como centros no s;lo de la gran industria, sino de elaboraci;n de los productos agr1colas y de poderoso desarrollo de todas las ramas de la industria de la alimentaci;n. Esta circunstancia facilitar el florecimiento cultural del pa1s y conducir a que las condiciones de vida en la ciudad y en el campo sean las mismas. kkUna situaci;n anloga es la que existe en nuestro pa1s con el problema de la supresi;n de la oposici;n entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. Este es tambi)n un problema conocido, planteado hace tiempo por Marx y por Engels. La base econ;mica de la oposici;n entre el trabajo intelectual y el trabajo manual es la explotaci;n de los hombres dedicados al trabajo manual por los representantes del trabajo intelectual. Todo el mundo conoce el divorcio existente bajo el capitalismo entre los hombres dedicados en las empresas al trabajo manual y el personal dirigente. Se sabe que sobre la base de este divorcio se desarroll; la actitud hostil del obrero hacia el director, hacia el maestro, hacia el ingeniero y hacia otros representantes del personal t)cnico, a los que consideraba enemigos suyos. Se comprende que, al ser destruidos el capitalismo y el sistema de explotaci;n, deb1a desaparecer tambi)n la oposici;n de intereses entre el trabajo manual y el trabajo intelectual. Y en nuestro actual r)gimen socialista ha desaparecido, efectivamente. Ahora los hombres dedicados al trabajo manual y el personal dirigente no son enemigos, sino camaradas y amigos, miembros de una misma comunidad de producci;n, interesados vitalmente en la prosperidad y en el mejoramiento de la producci;n. De su vieja enemistad no queda ni rastro.)o. - -ԌkkTiene un carcter completamente distinto el problema de la desaparici;n de las diferencias entre la ciudad (la industria) y el campo (la agricultura), entre el trabajo manual y el trabajo intelectual. Este problema no lo plantearon los clsicos del marxismo. Es un problema nuevo, planteado por la prctica de la construcci;n socialista en nuestro pa1s. kkNo ser )ste un problema artificial? Tiene para nosotros alguna importancia prctica o te;rica? No se puede considerar este problema como un problema artificial. Al contrario es para nosotros un problema de la mayor importancia. kkSi tomamos, por ejemplo, la diferencia entre la agricultura y la industria, veremos que en nuestro pa1s no queda reducida a que las condiciones de trabajo sean en ellas distintas, sino, ante todo, principalmente, a que en la industria tenemos la propiedad de todo el pueblo sobre los medios de producci;n y los productos, mientras que en la agricultura no tenemos la propiedad de todo el pueblo, sino la propiedad de determinados grupos, de los koljoses. Ya hemos dicho que esta circunstancia conduce al mantenimiento de la circulaci;n mercantil, y que s;lo al desaparecer esta diferencia entre la industria y la agricultura podr desaparecer la producci;n mercantil, con todas las consecuencias que de ello se derivan. Por tanto, no se puede negar que la desaparici;n de esta diferencia esencial entre la agricultura y la industria debe tener para nosotros una importancia de primer orden. kkLo mismo hay que decir del problema de la liquidaci;n de la diferencia esencial entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. Este problema tambi)n tiene para nosotros una importancia de primer orden. Antes de que la emulaci;n socialista adquiriese un carcter masivo, la industria se desarrollaba a duras penas, y muchos camaradas incluso plantearon la necesidad de amenguar el ritmo de su desarrollo. Deb1ase todo ello, principalmente, a que el nivel cultural y t)cnico de los obreros era demasiado bajo y se encontraba muy a la zaga del nivel del personal t)cnico. Sin embargo, la cosa cambi; radicalmente cuando la emulaci;n socialista adquiri; un carcter de masas. Precisamente despu)s de ello avanz; la industria a ritmo acelerado. Por qu) la emulaci;n socialista adquiri; un carcter masivo? Porque entre los obreros aparecieron grupos de camaradas que no s;lo asimilaron el m1nimo de conocimientos t)cnicos indispensables, sino que fueron ms lejos y se pusieron al nivel del personal t)cnico, empezaron a hacer observaciones a los peritos y a los ingenieros, a echar por tierra las normas existentes, por considerarlas caducas y a introducir normas nuevas, ms modernas, etc., etc. Qu) habr1a ocurrido si en vez de algunos grupos de obreros hubiese sido la mayor1a de )stos la que hubiese elevado su nivel cultural y t)cnico a la altura del nivel del personal t)cnico? Nuestra industria habr1a alcanzado cumbres inaccesibles para la industria de otros pa1ses. Por tanto, no se puede negar que la liquidaci;n de la diferencia esencial entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, mediante la elevaci;n del nivel cultural y t)cnico de los obreros a la altura del nivel del personal t)cnico no puede por menos de tener para nosotros una importancia primordial. kkAlgunos camaradas afirman que, con el tiempo, no s;lo desaparecer la diferencia esencial entre la industria y la agricultura entre el trabajo manual y el trabajo intelectual, sino tambi)n toda diferencia entre ellos. Eso no es cierto. La liquidaci;n de la diferencia esencial entre la industria y la agricultura no puede conducir a la liquidaci;n de toda+o. - - diferencia entre ellas. Indudablemente, seguir existiendo alguna diferencia, aunque no esencial, debido a las diferencias en las condiciones de trabajo de la industria y de la agricultura. Incluso en la industria, si se consideran sus distintas ramas, las condiciones de trabajo no son en todas partes las mismas: las condiciones de trabajo en las minas de carb;n, por ejemplo, se distinguen de las condiciones de trabajo de los obreros de una fbrica mecanizada de calzado; las condiciones de trabajo de los mineros se distinguen de las condiciones de trabajo de los obreros productores de mquinas. Si esto es cierto, con mayor raz;n debe conservarse cierta diferencia entre la industria y la agricultura. kkLo mismo hay que decir respecto a la diferencia entre el trabajo intelectual y el trabajo manual. La diferencia esencial entre ellos, es decir, la diferencia en cuanto al nivel cultural y t)cnico, desaparecer, sin duda alguna. Pero, con eso y con todo eso, seguir existiendo alguna diferencia, si bien no esencial, aunque s;lo sea porque las condiciones de trabajo del personal dirigente de las empresas no son las mismas que las condiciones de trabajo de los obreros. kkLos camaradas que afirman lo contrario se basan, por lo visto, en una conocida f;rmula dada por m1 en algunos trabajos y que habla de la liquidaci;n de la diferencia entre la industria y la agricultura, entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, sin  \ puntualizar que se trata de la liquidaci;n de la diferencia esencial, y no de toda diferencia. Precisamente as1 han comprendido esos camaradas mi f;rmula, suponiendo que se trata de la liquidaci;n de toda diferencia. Pero eso significa que la f;rmula no era exacta, que no puede satisfacernos. Debemos desecharla y sustituirla por otra formulaci;n, que diga que sern suprimidas las diferencias esenciales y subsistirn diferencias no esenciales entre la industria y la agricultura, entre el trabajo intelectual y el trabajo manual.  b  \D  5. La disgregaci;n del mercado mundial Cnico y el ahondamiento de la crisis  \> ldel sistema capitalista mundial * kkLa disgregaci;n del mercado mundial Cnico y omn1modo debe ser considerada como el resultado econ;mico ms importante de la segunda guerra mundial y de sus consecuencias econ;micas. Esta circunstancia determin; una profundizaci;n aCn mayor de la crisis general del sistema capitalista mundial. kkLa misma segunda guerra mundial fue engendrada por esta crisis. Cada una de las dos coaliciones capitalistas que se enzarzaron durante la guerra, pensaba derrotar a su enemigo y conquistar la dominaci;n del mundo. En esto buscaban la salida de la crisis. Los Estados Unidos pensaban poner fuera de combate a sus competidores ms peligrosos, Alemania y el Jap;n, apoderarse de los mercados extranjeros y de los recursos mundiales de materias primas y conquistar la dominaci;n del mundo. kkSin embargo, la guerra no justific; esas esperanzas. Cierto es que Alemania y el Jap;n quedaron fuera de combate como competidores de los tres pa1ses capitalistas ms importantes: los Estados Unidos, Inglaterra y Francia. Pero, al mismo tiempo, se desgajaron del sistema capitalista China y las democracias populares de Europa, formando, con la Uni;n Sovi)tica, el unido y poderoso campo socialista, opuesto alF+o. - - campo del capitalismo. Una consecuencia econ;mica de la existencia de los dos campos opuestos ha sido la disgregaci;n del mercado mundial Cnico y omn1modo; tenemos hoy la existencia paralela de dos mercados mundiales, opuestos tambi)n el uno al otro. kkDebemos se9alar que los Estados Unidos, Inglaterra y Francia han contribuido ellos mismos, aunque sin quererlo, claro est, a la formaci;n y al fortalecimiento del nuevo mercado mundial paralelo. Sometieron a un bloqueo econ;mico a la U.R.S.S., China y las democracias populares de Europa "que no entraron en el sistema del plan Marshall ", suponiendo que con su bloqueo lograr1an estrangular a todos esos pa1ses. En realidad, en vez de ser estrangulado, el nuevo mercado mundial se ha fortalecido. kkAhora bien, la causa principal de lo dicho no es, claro est, el bloqueo econ;mico, sino el hecho de que, en el per1odo que ha seguido a la guerra, esos pa1ses se han agrupado estrechamente desde el punto de vista econ;mico y han organizado la colaboraci;n y la ayuda mutua en el dominio de la econom1a. La experiencia de esa colaboraci;n demuestra que ningCn pa1s capitalista hubiera podido prestar a las democracias populares una ayuda tan eficaz y tan calificada desde el punto de vista t)cnico como la que les presta la Uni;n Sovi)tica. No se trata s;lo de que esa ayuda es barata en grado mximo y altamente calificada desde el punto de vista t)cnico. Se trata, ante todo, de que la base de esa colaboraci;n es el sincero deseo de ayudarse mutuamente y de alcanzar un auge econ;mico general. En consecuencia la industria de esos pa1ses ha logrado un elevado ritmo de desarrollo. Puede afirmarse que, dado ese ritmo de desarrollo de la industria, esos pa1ses pronto se pondrn a tal altura, que no necesitarn importar mercanc1as de los pa1ses capitalistas, sino que ellos mismos sentirn la necesidad de exportar las mercanc1as excedentes por ellos producidas. kkPero de aqu1 se desprende que la esfera de explotaci;n de los recursos mundiales por los principales pa1ses capitalistas (los Estados Unidos, Inglaterra y Francia) no va a ampliarse, sino a reducirse, que las condiciones del mercado mundial de venta empeorarn para esos pa1ses, extendiendo y profundizando en ellos el fen;meno de las empresas que no trabajan a pleno rendimiento. En esto, justamente, consiste la profundizaci;n de la crisis general del sistema capitalista mundial, profundizaci;n relacionada con la disgregaci;n del mercado mundial. kkEso lo perciben los propios capitalistas, pues es dif1cil no sentir la p)rdida de mercados como la U.R.S.S. y China. Los capitalistas tratan de resarcirse de esas dificultades con el plan Marshall , con la guerra en Corea, con la carrera armamentista y con la militarizaci;n de la industria. Pero lo que hace esa gente se parece mucho a lo de agarrarse a un clavo ardiendo. kkEsa situaci;n plantea ante los economistas dos problemas: Xkk a) Se puede afirmar que sigue todav1a en pie la conocida tesis de Stalin respecto a la estabilidad relativa de los mercados en el per1odo de la crisis general del capitalismo, tesis formulada antes de la segunda guerra mundial?#k Xkk b) Se puede afirmar que sigue todav1a en pie la conocida tesis formulada por Lenin en la primavera de 1916 de que, a pesar de hallarse en proceso de descomposici;n,+o. - - el capitalismo se desarrolla en su conjunto con una rapidez inconmensurablemente mayor que antes ?#k kkPienso que eso no se puede afirmar. Debido a las nuevas condiciones, surgidas en relaci;n con la segunda guerra mundial, hay que considerar que ambas tesis han envejecido.  b  \>  { 6. La inevitabilidad de las guerras entre los pa1ses capitalistas * kkAlgunos camaradas afirman que, debido al desarrollo de nuevas condiciones internacionales despu)s de la segunda guerra mundial, las guerras entre los pa1ses capitalistas han dejado de ser inevitables. Consideran esos camaradas que las contradicciones entre el campo del socialismo y el campo del capitalismo son ms fuertes que las contradicciones entre los pa1ses capitalistas; que los Estados Unidos dominan lo bastante a los dems pa1ses capitalistas para no dejarles combatir entre s1 y debilitarse mutuamente; que los hombres ms inteligentes del capitalismo han sido lo bastante aleccionados por la experiencia de las dos guerras mundiales "guerras que han causado serios perjuicios a todo el mundo capitalista" para no permitirse arrastrar de nuevo a los pa1ses capitalistas a una guerra entre s1; y que, en virtud de todo eso, las guerras entre los pa1ses capitalistas han dejado de ser inevitables. kkEsos camaradas se equivocan. Ven los fen;menos exteriores, que aparecen en la superficie, pero no advierten las fuerzas de fondo que, si por el momento actCan imperceptiblemente, sern, en fin de cuentas, las que determinen el desarrollo de los acontecimientos. kkEn apariencia, todo marcha felizmente : los Estados Unidos tienen a raci;n a la Europa Occidental, al Jap;n y a otros pa1ses capitalistas; Alemania (la del Oeste), Inglaterra, Francia, Italia y el Jap;n, que han ca1do en las garras de Estados Unidos, cumplen, sumisos, las ;rdenes de ese pa1s. Pero ser1a un error suponer que ese bienestar  puede subsistir por los siglos de los siglos , que esos pa1ses soportarn siempre el dominio y el yugo de Estados Unidos y que no intentarn arrancarse de la esclavitud a que los tienen sometidos los norteamericanos y emprender un camino de desarrollo independiente. kkTomemos, ante todo, a Inglaterra y a Francia. Es indudable que son pa1ses imperialistas. Es indudable que las materias primas baratas y los mercados de venta asegurados tienen para ellos una importancia de primer orden. Se puede suponer que esos pa1ses soportarn eternamente la situaci;n actual, en la que los norteamericanos, al socaire de la ayuda  segCn el plan Marshall , penetran profundamente en la econom1a de Inglaterra y de Francia, con el afn de convertirla en un ap)ndice de la econom1a de los Estados Unidos? Soportarn eternamente esos pa1ses que el capital norteamericano eche la zarpa a las materias primas y a los mercados de venta en las colonias anglofrancesas y prepare de este modo una catstrofe para los elevados beneficios de los capitalistas anglofranceses? No ser ms acertado decir que la Inglaterra capitalista y, tras ella, la Francia capitalista se vern, en fin de cuentas, obligadas a arrancarse delJ*o. - - abrazo de los Estados Unidos y a tener un conflicto con ellos para asegurarse una situaci;n independiente y, claro est, elevados beneficios? kkPasemos a los principales pa1ses vencidos, a Alemania (la del Oeste) y al Jap;n. Estos pa1ses arrastran hoy una existencia miserable bajo la bota del imperialismo norteamericano. Su industria y su agricultura, su comercio y su pol1tica exterior e interior, toda su vida se ve encadenada por el r)gimen  norteamericano de ocupaci;n. Y esos pa1ses todav1a ayer eran grandes potencias imperialistas, que sacudieron los fundamentos del dominio de Inglaterra, los Estados Unidos y Francia en Europa y en Asia. Suponer que esos pa1ses no tratarn de ponerse en pie otra vez, de dar al traste con el r)gimen  de los Estados Unidos y de abrirse paso hacia un camino de desarrollo independiente, significa creer en milagros. kkSe dice que las contradicciones entre el capitalismo y el socialismo son ms fuertes que las contradicciones entre los pa1ses capitalistas. Te;ricamente, eso es acertado, claro est. Y no s;lo lo es ahora, hoy d1a, sino que lo era tambi)n antes de la segunda guerra mundial. Y, ms o menos, eso lo comprend1an los dirigentes de los pa1ses capitalistas. Sin embargo, la segunda guerra mundial no empez; por una guerra contra la U.R.S.S., sino por una guerra entre pa1ses capitalistas. Por qu)? En primer t)rmino, porque la guerra contra la U.R.S.S., como el pa1s del socialismo, es ms peligrosa para el capitalismo que la guerra entre pa1ses capitalistas, pues si la guerra entre pa1ses capitalistas s;lo plantea la cuesti;n del predominio de unos pa1ses capitalistas sobre otros pa1ses capitalistas, la guerra contra la U.R.S.S. debe plantear inevitablemente la cuesti;n de la existencia del propio capitalismo. En segundo t)rmino, porque los capitalistas, aunque con fines de propaganda  alborotan acerca de la agresividad de la Uni;n Sovi)tica, no creen ellos mismos lo que dicen, pues tienen en cuenta la pol1tica pac1fica de la Uni;n Sovi)tica y saben que este pa1s no agredir a los pa1ses capitalistas. kkDespu)s de la primera guerra mundial considerbase tambi)n que Alemania hab1a sido puesto fuera de combate para siempre, como algunos camaradas piensan hoy del Jap;n y de Alemania. Entonces tambi)n se hablaba y se alborotaba en la prensa diciendo que los Estados Unidos ten1an a Europa a raci;n, que Alemania no podr1a ponerse de nuevo en pie y que no habr1a ya ms guerras entre los pa1ses capitalistas. Sin embargo, a pesar de todas esas consideraciones, Alemania levant; cabeza y se puso en pie como una gran potencia al cabo de unos quince o veinte a9os despu)s de su derrota, arrancndose a la esclavitud y emprendiendo el camino de un desarrollo independiente. Es muy sintomtico que fueran precisamente Inglaterra y los Estados Unidos quienes ayudaron a Alemania a resurgir econ;micamente y a elevar su potencial econ;mico militar. Claro est que, al ayudar a Alemania a ponerse en pie econ;micamente, los Estados Unidos e Inglaterra pensaban orientar a Alemania, una vez repuesta, contra la Uni;n Sovi)tica, utilizarla contra el pa1s del socialismo. Sin embargo, Alemania dirigi; sus fuerzas, en primer t)rmino, contra el bloque anglofranconorteamericano. Y cuando la Alemania hitleriana declar; la guerra a la Uni;n Sovi)tica, el bloque anglofranconorteamericano, no s;lo no se uni; a la Alemania hitleriana, sino que, por el contrario, se vio constre9ido a formar una coalici;n con la U.R.S.S., contra la Alemania hitleriana.f*o. - -ԌkkPor tanto, la lucha de los pa1ses capitalistas por los mercados y el deseo de hundir a sus competidores resultaron prcticamente ms fuertes que las contradicciones entre el campo del capitalismo y el campo del socialismo. kkSe pregunta: qu) garant1a puede haber de que Alemania y el Jap;n no vuelvan a ponerse en pie, de que no traten de escapar de la esclavitud norteamericana y de vivir una vida independiente? Pienso que no hay tales garant1as. kkPero de aqu1 se desprende que la inevitabilidad de las guerras entre los pa1ses capitalistas sigue existiendo. kkSe dice que la tesis de Lenin relativa a que el imperialismo engendra inevitablemente las guerras debe considerarse caducada, por cuanto en el presente han surgido poderosas fuerzas populares que actCan en defensa de la paz, contra una nueva guerra mundial. Eso no es cierto. kkEl presente movimiento pro paz persigue el fin de levantar a las masas populares a la lucha por mantener la paz, por conjurar una nueva guerra mundial. Consiguientemente, ese movimiento no persigue el fin de derrocar el capitalismo y establecer el socialismo, y se limita a los fines democrticos de la lucha por mantener la paz. En este sentido, el actual movimiento por mantener la paz se distingue del movimiento desarrollado en el per1odo de la primera guerra mundial por la transformaci;n de la guerra imperialista en guerra civil, pues este Cltimo movimiento iba ms lejos y persegu1a fines socialistas. kkEs posible que, de concurrir determinadas circunstancias, la lucha por la paz se desarrolle hasta transformarse, en algunos lugares, en lucha por el socialismo, pero eso no ser1a ya el actual movimiento pro paz, sino un movimiento por derrocar el capitalismo. kkLo ms probable es que el actual movimiento pro paz, como movimiento para  \. mantener la paz, conduzca, en caso de )xito, a conjurar una guerra concreta, a aplazarla temporalmente, a mantener temporalmente una paz concreta, a que dimitan los gobiernos belicistas y sean sustituidos por otros gobiernos, dispuestos a mantener temporalmente la paz. Eso, claro es, est bien. Eso incluso est muy bien. Pero todo ello no basta para suprimir la inevitabilidad de las guerras en general entre los pa1ses capitalistas. No basta, porque, aun con todos los )xitos del movimiento en defensa de la paz, el imperialismo se mantiene, continCa existiendo, y, por consiguiente, continCa existiendo tambi)n la inevitabilidad de las guerras. kkPara eliminar la inevitabilidad de las guerras hay que destruir el imperialismo.  b  \V&  7. Las leyes econ;micas fundamentales del capitalismo moderno y del socialismo * kkSabido es que la cuesti;n relativa a las leyes econ;micas fundamentales del capitalismo y del socialismo ha sido planteada reiteradas veces en el transcurso de la discusi;n. A este respecto se han manifestado opiniones diversas, incluso las ms fantsticas. Por cierto, la mayor1a de los camaradas que han participado en la discusi;n*o. - - ha reaccionado d)bilmente ante este problema, y no se ha perfilado ninguna soluci;n. No obstante, ninguno de los camaradas ha negado la existencia de esas leyes. kkExiste una ley econ;mica fundamental del capitalismo? S1, existe. Qu) ley es )sa?, cules son sus rasgos caracter1sticos? La ley econ;mica fundamental del capitalismo es una ley que no determina un aspecto aislado o unos procesos aislados del desarrollo de la producci;n capitalista, sino todos los aspectos y todos los procesos mas importantes de ese desarrollo; por tanto, determina el fondo de la producci;n capitalista, su esencia. kkNo ser la ley del valor la ley econ;mica fundamental del capitalismo? No. La ley del valor es, ante todo, una ley de la producci;n mercantil. Existi; antes del capitalismo y sigue existiendo, lo mismo que la producci;n mercantil, despu)s del derrocamiento del capitalismo, como ocurre, por ejemplo, en nuestro pa1s, si bien es cierto que con una esfera de acci;n limitada. Naturalmente, la ley del valor, que tiene una amplia esfera de acci;n en el capitalismo, desempe9a un gran papel en el desarrollo de la producci;n capitalista pero no s;lo no determina la esencia de la producci;n capitalista ni los fundamentos del beneficio capitalista, sino que ni siquiera plantea esos problemas. Por eso, no puede ser la ley econ;mica fundamental del capitalismo moderno. kkCon las mismas razones no pueden ser tampoco la ley econ;mica fundamental del capitalismo la ley de la concurrencia y de la anarqu1a de la producci;n ni la ley del desarrollo desigual del capitalismo en los diferentes pa1ses. kkSe dice que la ley de la norma media de beneficio es la ley econ;mica fundamental del capitalismo moderno. Eso no es cierto. El capitalismo moderno, el capitalismo monopolista, no puede darse por satisfecho con el beneficio medio, que, adems, tiene la tendencia a bajar debido a la elevaci;n de la composici;n orgnica del capital. El capitalismo monopolista moderno no exige el beneficio medio sino el beneficio mximo, necesario para llevar a cabo ms o menos regularmente la reproducci;n ampliada. kkLo que ms cerca est del concepto ley econ;mica fundamental del capitalismo es la ley de la plusval1a, ley del nacimiento y del incremento del beneficio capitalista. Esa ley predetermina, efectivamente, los rasgos principales de la producci;n capitalista. Pero la ley de la plusval1a es demasiado general, y no toca los problemas de la norma superior de beneficio cuyo aseguramiento es condici;n del desarrollo del capitalismo monopolista. Para llenar esta laguna hay que concretar la ley de la plusval1a y desarrollarla de acuerdo con las condiciones del capitalismo monopolista, teniendo en cuenta que el capitalismo monopolista no exige cualquier beneficio, sino el beneficio mximo. Esa, precisamente, ser la ley econ;mica fundamental del capitalismo moderno. kkLos rasgos principales y las exigencias de la ley econ;mica fundamental del capitalismo moderno podr1an formularse, aproximadamente, como sigue: asegurar el mximo beneficio capitalista, mediante la explotaci;n, la ruina y la depauperaci;n de la mayor1a de los habitantes del pa1s dado, mediante el avasallamiento y el saqueo sistemtico de los pueblos de otros pa1ses, principalmente de los pa1ses atrasados, y, por Cltimo, mediante las guerras y la militarizaci;n de la econom1a nacional, a las que se recurre para asegurar el mximo de beneficio.+o. - -ԌkkSe dice que el beneficio medio podr1a considerarse, sin embargo, por completo suficiente para el desarrollo capitalista en las condiciones actuales. Eso no es cierto. El beneficio medio es el nivel inferior de la rentabilidad, por debajo del cual la producci;n capitalista es imposible. Pero ser1a rid1culo suponer que los jerifaltes del capitalismo monopolista moderno tratan Cnicamente, al ocupar las colonias, esclavizar a los pueblos y gestar guerras, de asegurarse meramente el beneficio medio. No, no es el beneficio medio ni son los superbeneficios, que Cnicamente representan, como regla, cierta superaci;n del beneficio medio, sino el beneficio mximo, concretamente, el motor del capitalismo monopolista. Precisamente la necesidad de obtener beneficios mximos empuja al capitalismo monopolista a dar pasos tan arriesgados como el sojuzgamiento y el saqueo sistemtico de las colonias y de otros pa1ses atrasados, la conversi;n de pa1ses independientes en pa1ses dependientes, la organizaci;n de nuevas guerras "que son para los jerifaltes del capitalismo moderno el mejor business  para obtener beneficios mximos" y, por Cltimo, los intentos de conquistar la dominaci;n econ;mica del mundo. kkLa importancia de la ley econ;mica fundamental del capitalismo consiste, entre otras cosas, en que, al determinar todos los fen;menos ms importantes del desarrollo del modo de producci;n capitalista "sus ascensos y sus crisis, sus victorias y sus reveses, sus virtudes y sus defectos: todo su contradictorio desarrollo", permite comprenderlos y explicarlos. kkHe aqu1 uno de los numerosos y sorprendentes  ejemplos. kkTodo el mundo conoce hechos de la historia y de la prctica del capitalismo que demuestran el impetuoso desarrollo de la t)cnica en el capitalismo, hechos en los que los capitalistas aparecen como abanderados de la t)cnica avanzada, como revolucionarios en el dominio del desarrollo de la t)cnica de la producci;n. Pero tambi)n se conocen hechos de otro g)nero, que evidencian altos en el desarrollo de la t)cnica en el capitalismo, hechos en que los capitalistas aparecen como reaccionarios en el dominio del desarrollo de la nueva t)cnica y pasan con frecuencia al trabajo a mano. kkA qu) se deben estas flagrantes contradicciones? Unicamente pueden deberse a la ley econ;mica fundamental del capitalismo moderno, es decir, a la necesidad de obtener beneficios mximos. El capitalismo es partidario de la nueva t)cnica cuando )sta le promete los mayores beneficios. El capitalismo es contrario a la nueva t)cnica y partidario del paso al trabajo a mano cuando la nueva t)cnica deja de prometerle los mayores beneficios. kkAs1 estn las cosas en cuanto a la ley econ;mica fundamental del capitalismo moderno. kkExiste una ley econ;mica fundamental del socialismo? S1, existe. En qu) consisten los rasgos esenciales y las exigencias de esta ley? Los rasgos esenciales y las exigencias de la ley econ;mica fundamental del socialismo podr1an formularse, aproximadamente, como sigue: asegurar la mxima satisfacci;n de las necesidades materiales y culturales, en constante ascenso, de toda la sociedad, mediante el desarrollo y el perfeccionamiento ininterrumpidos de la producci;n socialista sobre la base de la t)cnica ms elevada.*o. - -ԌkkPor consiguiente, en vez de asegurar los beneficios mximos, asegurar la mxima satisfacci;n de las necesidades materiales y culturales de la sociedad; en vez de desarrollar la producci;n con intermitencias del ascenso a la crisis y de la crisis al ascenso, desarrollar ininterrumpidamente la producci;n; en vez de intermitencias peri;dicas en el desarrollo de la t)cnica, acompa9adas de la destrucci;n de las fuerzas productivas de la sociedad, el perfeccionamiento ininterrumpido de la producci;n la base de la t)cnica ms elevada. kkSe dice que la ley econ;mica fundamental del socialismo es la ley del desarrollo arm;nico, proporcional, de la econom1a nacional. Eso no es cierto. El desarrollo arm;nico de la econom1a nacional y, por tanto, la planificaci;n de la misma, que es un reflejo ms o menos fiel de esta ley, de por s1 no dan nada, si no se sabe en nombre de qu) tarea se desarrolla planificadamente la econom1a nacional, o si esa tarea no se tiene clara. La ley del desarrollo arm;nico de la econom1a s;lo puede dar el resultado debido cuando existe una tarea en nombre de la cual se desarrolla planificadamente la econom1a nacional. Esa tarea no puede ofrecerla la propia ley del desarrollo arm;nico de la econom1a nacional. Y menos aCn puede hacerlo la planificaci;n de la econom1a nacional. Esa tarea se encierra en la ley econ;mica fundamental del socialismo, bajo la forma de sus exigencias arriba expuestas. Por eso la acci;n de la ley del desarrollo arm;nico de la econom1a nacional Cnicamente puede tener v1a libre en el caso de que se apoye en la ley econ;mica fundamental del socialismo. kkEn cuanto a la planificaci;n de la econom1a nacional, )sta s;lo puede obtener buenos resultados si observa dos condiciones: Xkk a) si refleja acertadamente las exigencias de la ley del desarrollo arm;nico de la econom1a nacional;#k Xkk b) si est de acuerdo en todo con las exigencias de la ley econ;mica fundamental del socialismo.#k  b  \"  g 8. Otras cuestiones  Z * Xkk 1) La coacci;n no econ;mica bajo el feudalismo.#k kkNaturalmente, la coacci;n no econ;mica desempe9; cierto papel en el fortalecimiento del poder econ;mico de los terratenientes feudales; sin embargo, la base del feudalismo no fue esa coacci;n, sino la propiedad feudal sobre la tierra.  Zf# Xkk 2) La propiedad personal del hogar koljosiano.#k kkNo ser1a justo decir en el proyecto de libro de texto que cada hogar koljosiano posee en usufructo personal una vaca, ganado menor y aves de corral . Como es sabido, la vaca, el ganado menor, las aves, etc., no se poseen en realidad en usufructo personal sino que son propiedad personal del hogar koljosiano. La expresi;n en usufructo personal  ha sido tomada, por lo visto, del Estatuto Modelo del artel agr1cola. Pero en el Estatuto Modelo del artel agr1cola se incurri; en un error. La Constituci;n de la U.R.S.S., que fue elaborada con ms minuciosidad, dice otra cosa, a saber:*o. - -Ԍ S XkkCada hogar koljosiano8 posee en propiedad personal una econom1a auxiliar, casa \ vivienda, ganado productivo, aves de corral y aperos de labranza menudos.ƹ k kkEsto, naturalmente, es acertado. kkDeber1a adems decirse, y con detalle, que cada koljosiano posee en propiedad personal de una a tantas vacas, segCn las regiones; tantas y tantas ovejas, tantas y tantas cabras, tantos y tantos cerdos (indicando las cifras m1nimas y mximas, segCn las regiones) y un nCmero ilimitado de aves de corral (patos, gansos, gallinas, pavos). kkEstos detalles tienen gran importancia para nuestros camaradas de otros pa1ses que quieren saber con exactitud qu) le ha quedado concretamente al hogar koljosiano en propiedad personal, despu)s de haber sido colectivizada en nuestro pa1s la agricultura.  Zz Xkk 3) El valor del arriendo pagado por los campesinos a los terratenientes y el valor de  Zt los gastos de compra de la tierra.#k kkEn el proyecto de manual se dice que, como resultado de la nacionalizaci;n de la tierra, los campesinos se vieron eximidos del pago de arriendos a los terratenientes por una suma total de unos 500.000.000 de rublos anuales  (es necesario indicar rublos oro ). Har1a falta precisar esta cifra, pues, segCn me parece, no comprende la suma total de arrendamiento en toda Rusia, sino solamente en la mayor parte de sus provincias. A la vez, hay que tener en cuenta que en algunas regiones perif)ricas de Rusia el pago del arriendo se hac1a en especie, cosa que, segCn parece, no ha sido tomada en consideraci;n por los autores del proyecto de manual. Adems, es necesario no olvidar que los campesinos no s;lo se vieron eximidos del pago del arriendo, sino tambi)n de los gastos anuales de compra de la tierra. Se ha tenido en cuenta esto en el proyecto de manual? Me parece que no se ha tenido en cuenta, aunque hubiera sido necesario tenerlo.  Z Xkk 4) La ensambladura de los monopolios con el aparato de Estado.#k kkLa expresi;n ensambladura  no es exacta. Es una expresi;n que registra de modo superficial y descriptivo el acercamiento de los monopolios y del Estado, pero no revela el sentido econ;mico de ese acercamiento. Se trata de que en el proceso de ese acercamiento no se produce una simple ensambladura, sino la subordinaci;n del aparato de Estado a los monopolios. Por esa raz;n, proceder1a desechar la palabra ensambladura  y sustituirla por las palabras subordinaci;n del aparato de Estado a los monopolios .  Z! Xkk 5) El empleo de la maquinaria en la U.R.S.S.#k kkEn el proyecto de manual se dice que las mquinas se emplean en la U.R.S.S. en todos los casos en que economizan el trabajo a la sociedad . No es eso, ni mucho menos, lo que proceder1a decir. En primer lugar, las mquinas, en la U.R.S.S., siempre economizan trabajo a la sociedad, y por ello no conocemos ningCn caso en que no economicen en nuestro pa1s ese trabajo. En segundo lugar, las mquinas no s;lo economizan trabajo, sino que, a la vez, facilitan la labor de los trabajadores, y por ello en nuestro pa1s, a diferencia de los pa1ses capitalistas, los obreros utilizan muy gustosamente las mquinas en su trabajo.*o. - -ԌkkHubiera procedido decir, por tanto, que en ninguna parte se emplea la maquinaria de tan buena gana como en la U.R.S.S., pues las mquinas economizan trabajo a la sociedad y facilitan la labor de los obreros, y, como en la U.R.S.S. no hay paro, los obreros emplean gustosamente las mquinas en la econom1a nacional.  Z^ Xkk 6) La situaci;n material de la clase obrera en los pa1ses capitalistas.#k kkCuando se habla de la situaci;n material de la clase obrera se tiene habitualmente en cuenta a los obreros ocupados, dejando a un lado la situaci;n material del llamado ej)rcito de reserva de los sin trabajo. Es acertada esa forma de tratar el problema de la situaci;n material de la clase obrera? Yo creo que no es acertada. Si existe un ej)rcito de reserva de desocupados, cuyos componentes carecen de otro medio de vida que no sea la venta de su fuerza de trabajo, los desocupados no pueden por menos de formar parte de la clase obrera, y, si forman parte de ella, su situaci;n de miseria no puede dejar de influir en la situaci;n material de los obreros ocupados. Yo creo, por ello, que, al caracterizar la situaci;n material de la clase obrera en los pa1ses capitalistas, se hubiera debido tener tambi)n en cuenta la situaci;n del ej)rcito de reserva de los obreros parados.  Z Xkk 7) La renta nacional.#k  \r kkPienso que es indispensable incluir en el proyecto de manual un cap1tulo nuevo sobre la renta nacional.  Z Xkk 8) Sobre la inclusi;n en el manual de un cap1tulo especial acerca de Lenin y Stalin  Z como fundadores de la Econom1a Pol1tica del socialismo.#k kkYo pienso que se debe excluir del manual el cap1tulo La doctrina marxista del socialismo. V.I. Lenin y J. V. Stalin, fundadores de la Econom1a Pol1tica del socialismo . Es por completo innecesario en el manual, ya que no aporta nada nuevo y es s;lo una pobre repetici;n de lo que los cap1tulos anteriores explican con mayor detalle. kkEn cuanto a las dems cuestiones, no tengo ninguna observaci;n que hacer a las Propuestas  de los camaradas Ostrovitinov, Le;ntiev, Shep1lov, Gatovski y otros.