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Bagdad: tribuna para defender al pueblo de Mesopotamia
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Cascada de dólares
por Lorenzo Peña

La conferencia cuya celebración comienza hoy en Madrid con toda pompa va a costarnos a los españoles cerca de mil millones de pesetas (entre agasajos, jolgorios, obras, comilonas, despliegue de fuerzas de seguridad [seguridad para los magnates que en ella participan; inseguridad para el sufrido y maltratado peatón]). Es un escarnio para un país pobre como España, cuyo salario mínimo --verdaderamente de hambre-- es uno de los más bajos de la OCDE. Con esa suma se hubiera podido facilitar el transporte público a cientos de miles de familias menesterosas.

En realidad la conferencia cubre más una finalidad de escaparate --o a lo sumo de ceremonia-- que un propósito genuino de decisión. No sólo porque en verdad las decisiones las toma exclusivamente el conquistador estadounidense (púdicamente autodenominado `la coalición'), sino porque, además de eso, el escaso margen de opción que dejen a otros los imperialistas yanquis ya ha sido zanjado, en la sombra, por otro cenáculo, recién celebrado en la City de Londres --un encuentro innominado que apenas ha transcendido a los medios de incomunicación del sistema reinante.

A ese cónclave han acudido los adjudicatarios a dedo de los contratos de reconstrucción del Iraq beneficiarios de la administración de Bush (y casualmente ligados por vínculos de negocios con la familia del presidente norteamericano), como Exxon y Delta; han acudido dignatarios del Fondo Monetario Internacional y personeros del pseudogobierno títere impuesto por los EE.UU en Bagdad; han acudido, claro, representantes de la propia administración colonial yanqui, y otros hombres de negocios, todos elegantemente trajeados y acorbatados, bebiendo whisky y pasándolo bien en su compadrazgo.

Decisiones tomadas en ese encuentro semi-clandestino:

Aplícase así la estrategia de choque que se puso en marcha en Rusia y demás países de Europa oriental desde 1991, cuyos catastróficos resultados están a la vista. Sólo que en condiciones totalmente distintas, que agravan hasta lo indecible el martirio del vencido pueblo iraquí.

  1. En primer lugar --y a diferencia de lo sucedido en Rusia-- ahora quienes imponen esa política económica son los conquistadores militares extranjeros que ocupan el país, no fuerzas internas, por lo cual las nuevas reglas vienen determinadas y aplicadas exclusivamente según el interés del amo foráneo, no de sectores autóctonos que tengan raíces en el propio territorio.
  2. En segundo lugar, Iraq es un país subdesarrollado y además uno cuya economía ya había sido descuartizada por el largo bloqueo de la ONU, instigado por el imperialismo yanqui.
  3. En tercer lugar, esa salvaje libertad mercantil, esa desregulación neoliberal, se impone sólo para el margen de la economía que queda tras la adjudicación monopolística que --sin previa licitación de ningún tipo, y de la manera más arbitraria-- han otorgado los conquistadores yanquis a dos compañías estadounidenses a las que han regalado el conjunto de las obras públicas (viales u otras) y la infraestructura de los hidrocarburos; monopolio acordado en condiciones leoninas, garantizando sus inversiones con una hipoteca imperial sobre todo el Iraq (de suerte que, cuanto mayores sean sus gastos, mayores serán los beneficios que les garantiza la administración colonial yanqui en Bagdad, a expensas de cualquier recurso succionable en suelo iraquí).

Según los portavoces del mando imperialista norteamericano, la conferencia de Madrid abre oportunidades de inversión a empresas de por doquier. Dicho en plata: será de fachada la presunta libertad mercantil; las migajas del botín se repartirán según el tributo que los gobiernos satélites de EE.UU paguen al amo yanqui para sufragar los gastos militares de la ocupación de Irak.

La estrategia de choque viene así todavía más sesgada y se trasforma en un inmitigado azote contra el pueblo iraquí.

Vamos viendo mejor cuáles fueron los motivos de esta conquista colonial (el mayor crimen de la historia humana después de la trata negrera y la agresión hitleriana). Uno de ellos --del que no se ha solido ni querido hablar-- era el de imponer a sangre y fuego los dictados del Fondo Monetario Internacional, triturando y destrozando a uno de los pocos países que quedaban donde el ordenamiento jurídico mantenía derechos sociales y promovía la empresa pública.

En efecto, hay que recordar algunos artículos de la Constitución baasista ahora abrogada por la espúrea pseudoautoridad que forman los testaferros del imperialismo yanqui. Esa Constitución baasista, adoptada en 1990, reconocía, entre los derechos de los iraquíes, los siguientes:

Para suprimir todo eso se ha acosado, agredido y ocupado a Mesopotamia. Para acabar de suprimir todo eso se celebra hoy la conferencia de Madrid. Y es que, en el mundo de hoy, un país con tales derechos era un escándalo inaguantable.

España Roja

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Madrid, jueves 23 de octubre de 2003


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